Don Alipio el 25 de July del 2009

Viorel Firoiu, de 48 años, se presentó en el hospital general de Orlea (Rumanía), quejándose de terribles dolores abdominales. El servicio de urgencias del hospital no tardó en hacerle la radiografía que veis ahí arriba.
Como vosotros también lo habéis hecho, los doctores observaron un par de objetos extraños en los intestinos de Firoiu. Por supuesto le pidieron explicaciones... y Viorel se las dio sin poder ocultar la vergüenza.
Al parecer el paciente, en estado de embriaguez, estaba convencido de tras comer una cantidad ingente de cerezas era presa de un feroz estreñimiento. Tras probar varias bebidas alcohólicas más para intentar "desatascarse" y aliviar el dolor se le ocurrió en etílico delirio meterse la cabeza de un martillo por "el tercer ojo" para hacer presión.
Su remedio no tuvo los resultados que él espera, incluso aceptó que el problema se había agravado. Así, resuelto a sacarse el martillo del culo, pensó eso de que "un clavo con otro se quita" y procedió a meterse por ahí otra cabeza de martillo para presionar el otro y extraerlo.
Incomprensiblemente tampoco esa genial idea tuvo resultado. Firoiu aceptó su fracasó, se tragó su orgullo y decidió ir al hospital... donde finalmente hubo que recurrir a la cirugía para sacarle estas dos bonitas herramientas.

Bonitos, ¿verdad? Yo creo que han heredado la cabeza dura de su "padre".
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Don Alipio el 5 de March del 2009

Pedir matrimonio a tu pareja es un momento inolvidable, un momento que se queda grabado para siempre en la mente. Mucha gente trata de reforzar la grabación haciendo algún tipo de proposición original, desde la clásica hincada de rodilla en tierra hasta lo que algunos amigos denominan "Ameliada" (una compleja sucesión de frikadas que acaba en algo más o menos romántico).
Así, Reed Harris de Michigan (EE.UU.) decidió dar una original sorpresa a su novia en una hamburguesería y metió el anillo de compromiso en el helado que ella se estaba tomando.
La hambrienta novia, que nada sabía de la proposición empezó a comérselo (al postre, no al novio). Reed esperaba ansioso el momento en el que Kaitlin (que así se llama su novia) encontrara la joya entre la crema...
... pero ella se terminó el postre y el anillo no apareció.
Claro está, por muchos descuideros que haya en las hamburgueserías no hay ninguno que sea tan ducho en el arte del robo como para llevarse un anillo de una copa de helado. Así que la evidencia pronto se hizo presente: Kaitlin se había tragado el anillo.
Así, dejando con un palmo de narices a varios amigos que pretendían grabar el mágico momento, se fueron al hospital donde una radiografía mostró que el anillo estaba dentro de ella.
Por supuesto, hubo que esperar al día siguiente (y una limpieza a fondo) para que la escena se repitiera, pero esta vez de un modo más tradicional.
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Don Alipio el 15 de January del 2009

Se suele decir que "las armas las carga el diablo" pero... ¿qué se podría decir en esto caso?
Os contamos: situémonos en algún hospital en Deltona, Florida (EE.UU.). A urgencias llega un hombre con una herida de bala en el brazo. Se llama Howard Sheppard.
Lo curioso es que este apacible trabajador del cementerio DeLand no se involucró en ningún tiroteo, ni siquiera tuvo un arma de fuego en sus manos.
Lentamente y, ante la sorprendida mirada de la enfermera que le atendía cuenta su historia: ese día hubo un funeral militar con salvas de fusil incluidas. Por lo visto a uno de los soldados que las efectuaba se le cayeron algunas balas y él procedió a recogerlas y a dejarlas en la estantería del cobertizo donde deja sus cosas para cuidar la vegetación del camposanto. ¡Qué mala suerte tuvo cuando, al arrojar un martillo y un cortador de césped contra la estantería una de esas balas salió disparada y se alojó en su brazo!
Sin embargo hay algo que no cuadra: así que alguien del hospital le registra y encuentra en el bolsillo de su camisa otras cinco balas sin usar. Ese alguien, por lo que pueda pasar, llama a la policía.
Y he aquí que Howard, viendo que la cosa se complica y, de repente, es la policía la que le te interroga decide contar la verdad: sí es verdad que hubo un funeral militar, sí es verdad que recogió algunas balas... pero lo que hizo fue pillar una de ellas, asegurarla con una abrazadera a su mesa de herramientas... y darle un fuerte golpe con un martillo. Así, por las buenas.
Así que la bala saltó por el golpe y fue a alojarse en el brazo de Sheppard. Ahora bien, por qué tapó una historia estúpida con otra más estúpida aún es algo que sólo él sabe.
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