No puedo creer

Vieja gloria de la pantalla afectada por vestido demasiado ceñido

Don Alipio el 6 de March del 2011

Puede que si os hablo de Joan Collins muchos no sepáis quién es, pero a lo mejor os puedo refrescar la memoria con esto.

Si no, preguntad a vuestra madre (o a vuestra abuela) por la pérfida Alexis Carrington (o Colby). El caso es que la Collins podría ser la típica vieja gloria que se niega a aceptar el paso del tiempo. Así pasó lo que pasó: que la mujer, de 77 años, fue a la fiesta de la revista Vanity Fair de "aquesta guisa".

Todo iba bien hasta que, a eso de las 22:00, cuando un cuerpo de esa edad quiere cama (pero para dormir) comenzó a sentirse mal. Collins, en lugar de llamar de a una ambulancia juzgó que lo mejor era marcharse a casa en su limusina. Pero su marido, Percy Gibson, la hizo entrar en razón y finalmente acabaron yendo al hospital en una sencilla y minimalista ambulancia.

Actriz y marido se temían lo peor. Pero finalmente resultó que el mareo y los ahogos de la artista se debieron a lo ceñido del vestido. La pobre Joan quería estar tan divina que casi acaba en el cielo, ahogada por su propio glamour.

Claro está todo acabó cuando por fin se pudo poner algo más sencillo y volvió a casa.

Una pena ver cómo pasan los años. Al menos quedarán para el recuerdo aquellas sensacionales peleas con Linda Evans, como esta.

Perdonad lo "mitómano" o lo pasado de rosca del post. Es que los domingos me pongo nostálgico, ya lo sabéis.

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Confunde pegamento con colirio

Don Alipio el 8 de October del 2010

colirio

Si sois de esas personas a las que mencionarles la acción de ponerse lentillas o de echarse gotas en los ojos les provoca cierta aprensión es mejor que no sigáis leyendo.

Irmgard Holm, de Phoenix, Arizona (EE.UU.) fue operada de cataratas hace poco, por lo que tenía que echarse gotas en los ojos cada día.

Sin embargo, un buen día tomó el recipiente que no era. Se puso un par de gotas, cerró el ojo para distribuirlas mejor... y notó cierta quemazón. Trató de abrir el ojo para limpiarse, pero no pudo. Aquello estaba sellado.

En efecto, y por error, en lugar del colirio había pillado el pegamento.

Holm fue llevada rápidamente a urgencias, donde con mucho tiempo, paciencia y delicadeza un equipo de varios paramédicos pudieron abrir su ojo y quitar la placa de adhesivo endurecido. Afortunadamente no hubo que tirar de cirugía, pero la afectada sigue sin poder ver por el ojo afectado.

Al parecer no es la primera vez que ocurre y, de hecho, ya hay varias quejas de consumidores quejándose del gran parecido que hay entre los botes de pegamento y los de colirio. La Administración de Alimentos y Drogas (cosas que tienen mucho que ver) estadounidense asegura que presionará a los fabricantes de pegamento.

Así que ya sabéis: antes de meteros cosas en los ojos leed bien la etiqueta... o probad antes el frasco en un amigo.

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Empalado el día de su boda

Don Alipio el 7 de September del 2010

La feliz pareja... antes del triste accidente

La feliz pareja... antes del triste accidente

Henchidos de felicidad, exultantes, radiantes y totalmente enamorados Michael y Amy celebraban el día de su enlace.

No habían reparado en gastos: pese a ser ellos de Manchester (Inglaterra) dedicieron que el mejor lugar para convertirse en marido y mujer era el Castillo Comlongon en Dumfries (Escocia), un romántico y vetusto lugar, ideal para profesarse amor eterno, como las duras piedras del castillo. Precisamente en algo duro como una piedra pensaba la pareja para terminar el día más importante de sus vidas.

Sin embargo, algo pasó. Ebrio de amor, pasión y quizá algo de whisky escocés, Michael decidió cantar a Amy una serenata subido a un antiguo banco. Entre el peso del novio, la antigüedad del mueble y muy posiblemente la carcoma, el banco cedió...

... con tal mala suerte que el "instrumento de amor" del novio quedó ensartado en uno de los clavos oxidados del banco. De su boca sólo salía un "mis bolas están colgando".

Amy, temerosa, fue rauda y veloz a ayudar a su esposo. Poco le importaba que su inmaculado vestido blanco quedara manchado para siempre de sangre: el que estaba en un apuro era su devoto cónyuge. Inmediatamente y con lo puesto, la pareja se personó en urgencias.

En el hospital Amy recordaría que Michael le había prometido una noche inolvidable. Y en cierto modo no se equivocaba: la pareja siempre recordará los pasillos de la clínica y como los internos miraban con extrañeza el cuadro protagonizado por una novia ensangrentada dando vueltas por el pasillo.

Como os habéis podido imaginar no hubo ocasión para consumar la unión: Michael recibió 17 puntos de sutura en sus partes. Finalmente la pareja pudo mantener relaciones dos días después aunque, para Amy, fue un poco frustrante: "Tuvimos que hacerlo con mucho cuidado y no sabía si Michael gemía de dolor"

Desde luego, la pareja tendrá muchos defectos, pero al menos tenemos la seguridad de que no son masoquistas.

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Perro salva a dueño comiéndose un dedo de su pie

Don Alipio el 9 de August del 2010

Jerry y Rosie con Kiko, el perro comehumanos salvavidas

Jerry y Rosie con Kiko, el perro comehumanos salvavidas

Cuando tu perro te muerde le sueles regañar, cuando te mutila de un mordisco sueles pensar en llamar a un exorcista. Sin embargo en el caso que nos ocupa el hecho de que el can haya probado el dulce sabor de la carne humana ha sido hasta cierto punto bueno.

Os contamos: un buen día Jerry Douthett, ciudadano de Michigan (EE.UU.) descubrió una extraña franja en su pie. No le dio mayor importancia y decidió cortar la piel de la zona afectada con un cuchillo. Sin embargo, pasados unos días el pie comenzó a hincharse, impidiendo a Jerry ponerse cualquier tipo de zapato.

Su mujer Rosie, enfermera, temía por él y le decía que aquello podía ser diabetes Pero Jerry, cabezón como él sólo, se negaba a ir al hospital y daba constantes largas.

Un buen día, con el pretexto de armarse de valor para ir a hacerse los análisis, Jerry se fue a tomar unas copas. Empezó con unas cervezas y siguió con varios margaritas hasta que finalmente acabó como un cosaco que se hubiera... (perdón, no voy empezar con lo mismo de otras veces)... el caso es que Rosie tuvo que llevarle a casa, donde cayó desmayado por la borrachera.

Momentos después se despertaba de su etílico letargo con una extraña sensación en el pie. La resaca se le pasó automáticamente cuando vio que el dedo gordo de su pie no estaba y que su perro, Kiko, estaba comiéndoselo.

No hubo tiempo para reprender al animal. Rosie y Jerry fueron corriendo al hospital pertinente. Allí nadie podía creer lo del perro, pero el caso es que se realizaron varios análisis que demostraron que Jerry tenía diabetes tipo 2 con unos niveles de azúcar en sangre de 560 (cuando por lo visto lo normal es tener un índice entre 80 y 120).

Así que, por decirlo así, Jerry debe la vida a Kiko. Si no hubiera sido por el mordisco el tipo hubiese seguido retrasando sus análisis y sólo Dios sabe qué hubiera pasado.

Pero, ¿cómo es que el perro fue directamente a comerse el dedo del pie? Alguno pensará que, debido a los niveles de azúcar, el pobre animal pensó que el dedo de Jerry era una gominola. Y no andaría del todo desencaminado: los perros tienen 220 millones de receptores olfativos (muchos más que los 50 millones de la persona humana estándar) y pueden detectar un exceso de azúcar en sangre. Un rico y azucarado dedo del pie...

De todas maneras Kiko fue puesto en cuarentena, más que nada para comprobar que no tenía la rabia y lo del descubrimiento de la diabetes fue producto de una afortunada (es un decir) casualidad. Afortunadamente el perro está bien y no hay ningún rastro de rabia.

Ahora la familia vuelve a jugar alegremente... pero con los pies enfundados en mocasines de cuero duro... por lo que pueda pasar.

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¿Quién tiene el mando en urgencias?

Don Alipio el 14 de December del 2009

El interior del sujeto

El interior del sujeto

Huang Chen, estudiante chino de 19 años apareció en el servicio de Urgencias del hospital Hunan Hangtian de Changsha (también en China) borracho como una cuba y quejándose de un agudo dolor en la parte posterior de su anatomía.

Los médicos, temiéndose que en plena borrachera el pobre Huang se hubiese metido por "esa parte" algo parecido al cañón de uno de los tanques que tomaron la plaza de Tian'anmen le atendieron rápidamente y procedieron a examinarle.

Tras un primer examen los doctores pidieron al chaval que se diese la vuelta y se pusiera boca arriba para examinarle la barriga. ¡Cuál fue su sorpresa cuando, al tiempo que Chen se aposentaba en la camilla una televisión cercana cambió de canal!

Sí. Por lo visto, y tras un par de radiografías, quedaba claro que el estudiante tenía un mando a distancia alojado donde la espalda pierde su casto nombre para empezar a llamarse "culo".

Muy bien... ¿qué había pasado?, ¿acaso pensó que el mando era el vibrador?, ¿estarían los compañeros de piso de Huang cambiando de canal con el consolador de la novia de uno de ellos? ¡No! Todo era algo mucho más miserable: Los compañeros de piso antes referidos, viendo al pobre chaval bebido decidieron gastarle una broma... y ya sabéis cómo es el humor asiático: si no hay posaderas, no hay chiste.

Para que veáis que lo barato sale caro. Nosotros os avisamos: un piso para uno solo será un gasto bárbaro, pero... ¿y lo que se gana en salud?

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