Don Alipio el 20 de May del 2010

La policía de Stevens Point, Wisconsin (EE.UU.), recibió una llamada de una mujer de 25 años que declaraba había sido víctima de un extraño disparo. Iba tan tranquila por la calle cuando, "¡ouch!", sintió un golpe en el pecho.
Unos minutos más tarde la misma oficina recibía otras dos llamadas. Eran personas que, igual que la víctima anterior, caminaban por la calle cuando, "¡ouch!" sintieron que un proyectil indeterminado les golpeaba.
Una de ellas afirmaba que lo que lo que había impactado contra ella había salido de una especie de "tubería" que sobresalía de la ventanilla de una furgoneta negra. Después de un tiempo dando vueltas por ahí la policía finalmente encontró el vehículo.
Dentro se hallaba Paula Wolf, pero no estaba sola. Dentro de la furgoneta también había una cerbatana, una honda y un cubo de piedras.
En contra de lo que pueda parecer Paula no era una francotiradora del neolítico, sino una mujer cruel, despiadada y sádica. Le preguntaron sobre su proceder, sobre las razones que le llevaron a disparar contra inocentes (aunque fueran inofensivos dardos, piedras o lo que fuera) y la respuesta dejó boquiabiertos a los agentes.
- Me gusta oír a la gente decir "ouch" - respondió fríamente.
Ya lo véis: una persona que hace daño por placer, prácticamene una psicópata. Sólo Dios sabe qué hubiera pasado de haber tenido a mano armás más contundentes, como pasteles de crema o cáscaras de plátano.
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Don Alipio el 10 de November del 2009

Andrew J. Burwitz, ciudadano de 20 años residente en Appleton, Wisconsin (EE.UU.) estaba cabreado con el mundo. Su novia le había dejado sin razón aparente. Así que se fue al bar en su coche (en el que, para variar, llevaba un arma). En el local empezó a beber compulsivamente y decidió que se iba a vengar no sólo de la pobre muchacha, sino también de su familia y de algún vecino, cualquiera.
Así, abandonó el bar borracho, se subió al coche, fue directo al hogar de su ex, sacó el arma de la guantera, apuntó a la casa, apretó el gatillo...
... y un ruido de disparos y cristales rotos despertó a la familia. Se encontraron un par de impactos de bala en la fachada y se oyó marchar un coche. Afortunadamente nadie había sido herido pero... ¿por qué oyeron cristales rotos si ninguna bala había hecho blanco en las ventanas?
La policía, al buscar rastros por la zona, encontró restos de cristal de la ventanilla de un coche. Rastreando, como se puede ver en CSI (suponemos), dieron con un taller de reparación donde recientemente un tal Burwitz había llevado a reparar uno de los cristales de su auto.
¿Qué había pasado? Algo que puede calificarse de "epic fail". Andrew, ocupado en odiar a su novia, en vengarse del mundo, en descargar toda su ira y en apretar el gatillo no reparó en que no había bajado la ventanilla de su coche antes de disparar. Así de simple: los primeros tiros disparados habían destrozado el cristal equivocado.
Andrew J. Burwitz ha sido acusado de cuatro cargos por amenaza en primer grado, de cuatro cargos por poner en peligro la seguridad de sus vecinos por el uso imprudente de un arma de fuego, desórdenes públicos y daños criminales a la propiedad.
Nosotros también le acusaríamos de estupidez crónica.
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Don Alipio el 12 de June del 2009

Marlow Dexter Byrd, de 28 años y natural de Florida, EE.UU. llamó a la policía para denunciar un robo: alguien se había colado en la casa de su sobrino y había robado varias radios y televisiones.
Como suele suceder en estos casos la policía se lo tomó con calma. O eso le pareció a Marlow, al que cada segundo que pasaba sin ver llegar a los agentes le parecía una eternidad. Desesperado, impaciente y un tanto cabreado volvió a probar suerte. Pero esta vez su astuta mente había trazado un plan infalible.
Pensó que la policía se da prisa solamente cuando ocurre algo trágico, algo fatal. Así que volvió a llamar a la policía, y esta vez dijo que se había producido un tiroteo y que había alguien herido en el lugar del robo.
La policía se mosqueó y, cuando se percató de que aquella era una llamada falsa pasó a la acción. Lejos de aprender a ser más rápidos para evitar casos como este, lo que hizo fue arrestar a Marlow por realizar una llamada falsa a la policía. Ahí es nada.
Cosas como estas te hacen pensar ¿das la razón al que, desesperado por la lentitud de la ley, miente? o ¿te pones del lado de los agentes que, por culpa de un impaciente, desplegaron un efectivo que hacía falta en otro lugar? Este, desde luego, es un mundo de grises.
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Don Alipio el 6 de May del 2009

Al museo del recorte de NPC ha llegado esta bonita fotografía que, creemos, ilustra una noticia sobre un curso de seguridad a la hora de usar las armas por parte de tres responsables personas.
¿Y cuál es la forma más segura de manipular un arma con un amigo? ¡Asegurándote de que ese arma de fuego está apuntando a un tercero que no tiene nada que ver!
Ya, seguro que muchos pensáis que es cosa de la perspectiva, que esos amables especialistas estaban posando sin darse cuenta de que uno de ellos al colocarse unos pasos delante aparecería cómo una futura víctima del plomo y la pólvora.
Pero no. Amigos, ya se sabe que, por el bien de muchos (en este caso 2) hay que sacrificar a unos pocos (en este caso 1). Así que nada. Además, no temáis por el pobre hombre: si hay un disparo le atravesará el hombro derecho. Mucha sangre, pero luego unas risas...
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Don Alipio el 15 de January del 2009

Se suele decir que "las armas las carga el diablo" pero... ¿qué se podría decir en esto caso?
Os contamos: situémonos en algún hospital en Deltona, Florida (EE.UU.). A urgencias llega un hombre con una herida de bala en el brazo. Se llama Howard Sheppard.
Lo curioso es que este apacible trabajador del cementerio DeLand no se involucró en ningún tiroteo, ni siquiera tuvo un arma de fuego en sus manos.
Lentamente y, ante la sorprendida mirada de la enfermera que le atendía cuenta su historia: ese día hubo un funeral militar con salvas de fusil incluidas. Por lo visto a uno de los soldados que las efectuaba se le cayeron algunas balas y él procedió a recogerlas y a dejarlas en la estantería del cobertizo donde deja sus cosas para cuidar la vegetación del camposanto. ¡Qué mala suerte tuvo cuando, al arrojar un martillo y un cortador de césped contra la estantería una de esas balas salió disparada y se alojó en su brazo!
Sin embargo hay algo que no cuadra: así que alguien del hospital le registra y encuentra en el bolsillo de su camisa otras cinco balas sin usar. Ese alguien, por lo que pueda pasar, llama a la policía.
Y he aquí que Howard, viendo que la cosa se complica y, de repente, es la policía la que le te interroga decide contar la verdad: sí es verdad que hubo un funeral militar, sí es verdad que recogió algunas balas... pero lo que hizo fue pillar una de ellas, asegurarla con una abrazadera a su mesa de herramientas... y darle un fuerte golpe con un martillo. Así, por las buenas.
Así que la bala saltó por el golpe y fue a alojarse en el brazo de Sheppard. Ahora bien, por qué tapó una historia estúpida con otra más estúpida aún es algo que sólo él sabe.
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