ElCanalla el 26 de March del 2008
Recitar por orden alfabético la alineación de la selección húngara de fútbol del Mundial de 1966. Concentrarse en la imagen de Steve Urkel petándose los granos de la cara y tragándose sus propios mocos. Pensar en el canoso pubis de la vecina tuerta, gorda y coja del ático. Muchos y muy variados son los infalibles métodos que, a ver quién dice que no, alguna vez hemos empleado todos los machotes para retardar la eyaculación.
Zoran Nikolivic no es una excepción. Bueno, sí. A él no le funciona ningún método, según explica The Sun. Es pensar en el tobillo de Pamela Anderson y ya moja el calzón. Así que este muchachote serbio decidió ponerse en manos de un profesional. ¿Tratamiento médico? ¿Acupuntura? ¿Remedios naturales? Nada de eso. ¿Pa' qué? “¡Andesté’ el vudú que se quiten las hostias!", se dijo el muchachote con su acento balcánico.
Así fue como decidió encomendar a un mago de vudú (¿habría que llamarle vudista?) su impenitente problema de eyaculación precoz. Convencido por el hechicero de que era la solución a todas sus incontinencias sexuales, el bueno de Nikolivic acabó practicando el acto sexual… ¡con un erizo!
Ya os podéis imaginar la velada. Tras una romántica cena, nuestro muchachote serbio empezó a percatarse de dónde se había metido (nunca mejor dicho) cuando el ericete le sugirió romper el hielo con un socorrido 69. Pelos en la lengua, pase, pero púas… Tras unas dolorosas caricias en su puntiagudo lomo, Nikolivic decidió acabar cuanto antes con la tortura. “¡Despacio, por favor, soy virgen!”, le susurraba el erizo. ¿Virgen? Ya, ya. ¡Qué forma de montar, qué frenesí! Apenas unos segundos y, como era de esperar, ahí afuera estaba ya toda la reserva testicular de nuestro hombretón.
Ni tiempo hubo para el cigarrito de rigor. De cabeza al hospital. Nikolivic no sabe qué fue peor. El insoportable dolor de su falo agujereado y en carne viva o su orgullo, pisoteado y despellejado cuando se convirtió en la principal atracción, el mono de feria del centro sanitario donde estuvo ingresado. Pero ha valido la pena. Ahora Nikolivic es el que más dura del barrio. Sólo tiene que inflar su prótesis, izar bandera y ¡a quedar como un machote!
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ElCanalla el 4 de November del 2007
Más allá de uno de los grandes axiomas sexuales masculinos: "Cuando ella dice 'no', en realidad te pide que no pares".
Más allá de la compleja interpretación que los zoófilos establecen de los ladridos y berridos de sus mascotas durante el acto.
Robert Stewart ha ido mucho más allá... La extrema sensibilidad de este controvertido caballerete británico le permite saber como nadie cómo y cuándo satisfacer las necesidades sexuales de... ¡¡¡las bicicletas!!!
Acostumbrado a ser un gran incomprendido, Stewart eludió dar explicaciones cuando fue sorprendido montando una bicicleta en el sentido más amplio del término. La escena tuvo lugar en una acogedora habitación del hostal Aberley House, en el no menos acogedor sureste de Escocia, en octubre del año pasado, según ha publicado la web del diario The Daily Telegraph. Dos empleadas de la limpieza fueron las testigos de excepción de tan inédito apareamiento cuando, tras no recibir respuesta al llamar repetidamente a la puerta de la habitación, entraron en la estancia utilizando una llave maestra.
Y allí estaba Stewart, desnudo de cinturo para abajo, dando rienda suelta a su pasión. Y allí estaba también su insospechada compañera de juegos de alcoba. Serena, incluso pasiva. Ni un sutil tintineo de timbre, ni una derrapada de pasión brotaron de su esbelto cuadro, de su estilizado manillar, de sus imponentes ruedas, cuando las camareras entraron en la habitación. La famosa flema británica, dirán muchos.
Según revelaron las testigos a la policía, el controvertido huésped sostenía a su amada bicicleta y movía las caderas hacia delante y hacia atrás, hacia delante y hacia atrás...
Mister stewart ha tenido que afrontar la fría intervención de la justicia. Y se ha declarado culpable del cargo de alteración del orden público, pasando a engrosar la ignominiosa lista del registro de agresores sexuales. La sentencia del caso se conocerá en pocas semanas.
Mientras, Stewart aguarda paciente la llegada del fallo judicial. Quizás excitado mientras contempla la hermosa sucesión de picaronas bicicletas que desfilan desnudas en las tórridas etapas del Tour que jamás se olvida de grabar cada mes de julio. O conteniendo sus impulsos cuando pasea rodeado de espectaculares sillines y tubulares en la tienda de deportes del centro comercial cercano a su casa. O fantaseando con tunear la bici de los hijos de sus vecinos mientras las roza (¡aish!) cuando se cruza con ellos por la escalera. O, seguro, recordando aquella apasionada velada en una acogedora habitación del hostal Aberley House, en el no menos acogedor sureste de Escocia.
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