Don Alipio el 22 de April del 2009

Para que luego digan que hacer jardinería no entraña ningún peligro.
Una mujer (desconocemos su nombre) de 66 años residente en Sidney (Australia) se encontraba cuidando de sus plantas y flores cuando accidentalmente entró un poco de tierra húmeda en su ojo.
Nada importante, pensaron en casa, una leve hinchazón del párpado. Ya se pasaría. Sin embargo esa despreocupación se convirtió en miedo mezclado con asco cuando, pasados unos días, el marido de la señora se fijó en que esta tenía algo aferrado en el ojo: nada más y nada menos que una sanguijuela que se abría paso por la córnea hasta los vasos sanguíneos del globo ocular.
Claro está, les faltó tiempo para presentarse en urgencias del hospital más cercano.
Los médicos no salían de su asombro: la hinchazón antes citada se debía no a la suciedad sino a que el parásito se había metido bajo el párpado. Allí se había hartado de sangre hasta conseguir unos buenos 2 cm de longitud.
El problema estaba en cómo quitar al bicho de ahí. No se podía arrancar y ya está (se hubiera causado una infección), tampoco se podía recurrir a la cirugía (la mujer corría riesgo de sufrir algún percance). Así que a alguien se le ocurrió probar un método casero: echarle sal; pero con ella se corría el riesgo de dañar el ojo. Así se acabó recurriendo una solución salina o suero fisiológico (con sólo un 0`9% de sal, pero sal al fin y al cabo) para desprender la sanguijuela.
El método funcionó: unas cuantas gotas, y la alimaña terminó rodando por la mejilla. Por supuesto, después de semejante éxito, el animal fue entregado a la buena señora. Y es que hace falta tener pruebas para cuando se cuentan esas extraordinarias historias en las cenas familiares.
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Don Alipio el 15 de March del 2009

O al menos no lo son en California (EE.UU.).
Os ponemos en antecedentes: el coreano Jinsoo Kim le presta al también coreano Stephen Son unos 170.000 dólares para montar entre los dos un negocio de venta de ropa para niños. Sin embargo, una serie de malas inversiones hacen que Son se quede sin un duro y que, por lo tanto, adeude esa cantidad a Kim.
Así que un día, en un bar de sushi, durante una borrachera y llevado por un atávico sentido del honor, Kim le pide al camarero su pin y obliga a Son a firmar con su sangre un contrato en el que asegura que le devolverá billete por billete.
Pese a la deuda sangrienta adquirida, el pago no se produjo. Así que Kim contrata un abogado y se presenta en los juzgados con un papel con sangre coagulada diciendo que Son debe pagar por lo que ha hecho. Pero he aquí que Son explica que él en realidad nunca aseguró la devolución y que, además, estaba tan borracho que no se encontraba en posesión de sus facultades cuando firmó aquel papel.
Así que nada: para curarse en salud, que nadie más manche el suelo del juzgado y que nadie use los tampones como bolígrafo en documentos administrativos, la Corte de Apelación de Santa Ana (California) ha decidido que no hay nada que discutir porque un contrato firmado con sangre no es válido.
Ya les vale... así no hay quien sea romántico, ni caballeroso y honorable.
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Amy el 10 de September del 2008
Cuando se lleva la música en la sangre, poco importa la edad que se tenga o si en vez de micrófono tienes una piruleta, como este niño que debe creer que está en un escenario rodeado de cientos de personas coreando su nombre.
Vale, nunca, repito, nunca nadie podrá igualarse a Wendy Sulca, pero hay que darle una oportunidad a los demás. Este niño, de hecho, ni siquiera emite sonidos, pero creo que es lo más parecido que he visto nunca a Mick Jagger de pequeño.
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Troy el 4 de October del 2007
"Fue la cosa más loca que vi en mi vida", ha explicado la madre del menor. La mujer vió como la enfermera apoyaba su boca en el hombro de su hijo mientras el practicante tomaba la muestra de sangre. "Oh, fue una mordida juguetona. No está lastimado" dijo la enfermera.
Luego comprobaron que le había dejado marcados los dientes y volvieron al hospital, el Saint Vincent de Indianápolis, probablemente bien pertrechados de cruces, ristras de ajos y demás elementos de protección anti-vampírica, en donde le administraron antibióticos.
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