No puedo creer

¡Redrum, redrum!

ElCanalla el 1 de April del 2008

Elmo intimida.
No leas este post. No al menos si eres uno de esos millones y millones de personas que pasaron las mejores tardes de su infancia engullendo una deliciosa merienda, absortos ante el televisor mientras se divertían aprendiendo los colores, los tamaños y los números con los personajes de Barrio Sésamo (Plaza Sésamo en Latinoamérica). No te arriesgues a dejar de recordar esta etapa como la mejor de toda tu vida. ¿Aún quieres seguir? OK, adelante.

La competencia que nuestros personajes infantiles favoritos han tenido que sufrir ha sido demasiado dura. Desde la oferta sucedánea de Fraggle Rock hasta las series de humor para niños, pasando por la poderosa industria de los dibujos animados japoneses, nuestros héroes se han convertido en ídolos caídos, en caricaturas grotescas que deambulan sin rumbo ni sentido por la industria del entretenimiento para los más pequeños.

Dicen que han visto como Epi y Blas llegaron a las manos por conseguir los favores de una buscona de tres al cuarto en un tugurio de carretera. El Monstruo de las galletas, bulímico y adicto a todas las sustancias ilegales, malvive de las exclusivas que concede a la prensa del corazón. Coco debe responder ante la justicia sobre la autenticidad de su título de masajista tras ser sorprendido en una situación comprometida en el vestuario de un equipo benjamín de fútbol. Pero, sin duda, el peor de los casos es el de Elmo.

De eso pueden dar buena cuenta los Bowman, una familia estadounidense que tiene el corazón en un puño tras comprobar como su hijo James, de sólo dos años, repetía una frase una y otra vez. “Matar a James, matar a James”. Aterrados, observaron como el origen de semejante despropósito era Elmo, el peluche preferido de James, quien, con una voz divertida y entonándola a modo de canción, no paraba de repetir la amenazadora sentencia cuando el pequeño le presionaba el pecho.

Una simple conexión al ordenador y el muñeco es capaz de reproducir una serie limitada de frases y el nombre de su dueño. El funcionamiento había sido impecable hasta hace unos pocos días. “No entendemos nada. Elmo ha cambiado de actitud desde que le cambiamos las pilas. Y ahora no para de amenazar con matar a nuestro pequeño. Y lo peor de todo es que es el peluche preferido de James, que no se separa de él”, relata la señora Bowman a la web Tampa Bay Online. Fisher-Price, la empresa fabricante, jura y perjura que las amenazas no forman parte del software del juguete. Y ya ha prometido a los Bowman reemplazarlo por otro muñeco.

El pequeño James ya sabe cuál va a elegir. Ese bonito osito marrón que vio en la juguetería. El mismo que, nada más verle, le guiñaba el ojo desde su estantería y no paraba de decirle “Redrum, redrum, redrum…".

Véase también Peluches aplastados en la carretera, Peluches espeluznantes
Visto en Reddit
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