Don Alipio el 7 de November del 2009

La pareja afectada y el ticket que les afectó
Johnson Abraham, de 24 años, y Roxanne Duhur de 21, fueron a tomar algo a un pub de Londres (Inglaterra) para celebrar que ella había encontrado trabajo en una inmobiliaria.
Charlaron, se lo pasaron bien y lo celebraron discretamente. Sin embargo montaron en cólera cuendo pidieron la cuenta y vieron que en ella, en lugar de número que indicase la mesa donde habían estado, estaba escrito "upstairs blk couple". Lo que podría ser traducido como "La pareja ngr de arriba", es decir, "la pareja negra de arriba".
Alguno podría decir que se lo tomaron demasiado mal y que perfectamente podrían haber llevado por error a su mesa la cuenta de una pareja de enterradores o de un par de árbritos. Pero no... resulta que cuando pidieron la cuenta, Abraham y Duhur eran los únicos clientes que había. Así que procedieron a denunciar.
Por su parte Nick O'Donnell, gerente del pub, ha declaro que dado que su local no tiene mesas numeradas los camareros tienen que recurrir a descripciones en las cuentas para no equivocarse de clientes. Admite que la que le tocó a la pareja de color es ofensiva pero también pide comprensión por error.
Los afectados, de momento, exigen las disculpas de la camarera que les atendió y no las del gerente, que no tiene culpa. Sólo esperamos que, cuando la camarera pida perdón, no les invite como compensación a un par de cervezas negras. Que ya sería recochineo.
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Don Alipio el 22 de October del 2009

Recreación de lo ocurrido (el plumero es una licencia poética)
Tengo la seguridad de que el crimen no paga, sólo presta a la justicia a sus creyentes más tontos.
Timothy Dean St. Clair de Ridge Manor (Florida) es una prueba de ello. El tipo entró en un pub de un centro comercial cerrado a robar algo, como estaba solo y aparentemente no había vigilancia en el local decidió pasar el rato. Además de buscar infructuosamente la recaudación, y como tenía hambre, pilló de la despensa del sitio una apetitosa lata de tomates, que no dudó en consumir.
Claro, todos sabemos que cuando se come a uno le entra el sueño... y más cuando está en el trabajo. Timothy no fue menos... empezó a sentir cómo sus párpados se cerraban y cómo Morfeo le llamaba. Como no encontró una superficie mejor sobre la que echarse... no se le ocurrió otra cosa que meterse en un frigorífico (suponemos que desconectado) que había en el pub y echarse una siesta.
Lo que no sabemos es cómo no se le ocurrió pensar que el vigilante del centro acabaría pasando por ahí al hacer una ronda de seguridad. Así que ya os podéis imaginar el fin de la historia: un ladrón que es arrebatado de la siesta por un "segurata" asombrado y que seguramente ha pensado que se trataba de un muerto que algún mafioso había escondido ahí.
Si Timothy hubiese sido listo, hubiese aprovechado para volcarse el resto de la lata de tomates en la boca y salir gritando cual monstruo "Cereeeeeebros, cereeeeebros". Seguramente el vigilante no le hubiese seguido.
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Don Alipio el 26 de April del 2009

Tal y cómo andan los tiempos hay que renovarse o morir. La crisis obliga a dar un giro a la concepción del negocio tradicional, a buscar nuevos públicos y a aprovechar diferentes oportunidades.
Un ejemplo de ello es el pub (o tasca, o bareto) de algún país angloparlante que ha colocado a su entrada este cartel. En él ofrece a las sufridas mujeres que tienen que "cargar" con sus maridos durante las compras sus servicios como "guardería gratuita para maridos".
Bueno... lo de "gratis" es un decir porque habrá que abonar el precio de lo bebido. Pero como nadie obliga al marido a meterse una pinta entre pecho y espalda... pues no es publicidad engañosa.
Sólo deseamos a los dueños del pub de la guardería mucho éxito y que puedan pronto exportar su negocio a estos lares... siempre y cuando sea verdad que tienen que ser ellas las que nos paguen las bebidas, claro.
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Don Alipio el 26 de February del 2009

Antes de empezar el relato os prensentaremos a los protagonistas del drama: el hombre maduro que está agachado y recuerda ligeramente al Dr. House es Martin Talbot, dueño del pub the Jolly Farmers, de Norfolk (Reino Unido); el joven de 19 años que se lleva las manos a la cabeza es Luke Woolston, barman del mismo establecimiento; y la dama que llevan en las manos y que está retratada en los billetes es su Graciosa Majestad, Isabel II.
Pues bien, resulta (o resultaba) que Talbot tenía en muy concepto a Luke. Pensaba de él que era un buen chico, responsable y de fiar. Así que, como jefe, confió al barman la recaudación de aquel día. "Ponlo todo en un lugar seguro", le dijo, "en un lugar donde nadie pueda encontrar el dinero que tantos esfuerzos nos ha costado conseguir".
La bien entrenada y rápida mente de Luke halló el lugar donde nadie nunca, jamás encontraría esas 1.000 libras (más de 1.120 Euros): no era otro que el horno. Así que metió el recipiente de plástico en el que estaba el tentador botín dentro del instrumento de cocina.
"Menuda idea más buena", pensó, "voy a decirle el jefe dónde está... y es más, para que vea lo inteligente que soy voy a hacerle una demostración de que toda la pasta está segura".
Y así lo hizo: le dijo a Martin lo que había hecho y, para que supiera que al dinero no le iba a pasar nada, encendió el horno.
El jefe se lo tomó a broma "¡Qué humor tiene este picaruelo, que me dice que los billetes están ahí dentro, calentándose a fuego...!"
Surgió entonces del pequeño infierno de la cocina un espeso y pestilente humo. El humo que indica cómo los sueños se convierten en ceniza, que augura la pérdida de la recompensa por los esfuerzos de varias jornadas, que señala que una reina arde. En definitiva, el olor y el humo del dinero al gratén.
Mucho de ese dinero se ha perdido pero, según el Banco de Inglaterra, si los números de serie todavía son visibles, ese dinero todavía es bueno. Eso es explicable.
No se puede explicar es cómo todavía Luke conserva su empleo, porque no ha sido despedido. Quizá porque su jefe está tan "quemado" que ya todo le da igual.
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