No puedo creer

La grúa se lleva coche fúnebre con “ocupante” dentro

Don Alipio el 17 de March del 2010

Al cocherito leré

Uno podría pensar que el último golpe de mala suerte que uno puede tener es el de morir. Sin embargo, aunque no nos demos cuenta todavía nos puede ocurrir algo malo.

Y si no que se lo digan al pobre hombre fenecido que pasó 90 minutos en un depósito, sí... pero de coches en Nueva York (EE.UU.).

Os contamos: Paul DeNigris, director y conductor de coches fúnebres de la funeraria Redden's, aparcó un momento el coche fúnebre con el ataúd y muerto pertinentes dentro junto a la funeraria para recoger unos papeles que se la habían olvidado. Como no iba ni a tardar un minuto, dejó aparcado el vehículo en una zona de estacionamiento prohibido.

Sin embargo, cuando volvió a salir de su lugar de trabajo se encontró con que el coche y su carga había desaparecido. La grúa municipal de Nueva York se lo había llevado al depósito donde se dejan los coches infractores.

Claro está, la discusión está servida: mientras la policía cuenta que en ningún momento vieron algo que indicara que aquel coche estaba "trabajando" y tenía "pasajeros" DeNigris asegura que, como siempre que dejaba un coche "ocupado" a solas, puso un cartel en el que indicaba que el auto estaba de servicio y "cargado".

El conductor piensa recurrir la multa de 185 dólares (unos 134 Euros). Afortunadamente el señor sin vida pudo llegar al aeropuerto y embarcar en el avión que lo llevaría al lugar donde debía ser incinerado.

Solamente esperamos que el pobre hombre finado no hubiese sido mecánico o hubiese muerto por un atropello. Más que nada porque en su estado no habría apreciado bien el chiste.

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Pide ayuda a la policía nacional para escapar de la local

Don Alipio el 15 de March del 2010

policia

Muchas novelas negras, muchas series de televisión nos han vendido la idea de que entre distintos cuerpos cuya misión es defender la ley y el orden hay competencia y rivalidad (ahora mismo se me ocurre el caso del FBI y la CIA).

Quizá J.A.S., de 23 años y vecino de Lugo, Galicia (España) pensó que entre la Policía Nacional y la Local había semejante odio. El caso es que, después de después de tener un aparatoso accidente en la Avenida de Madrid de Lugo en un estado de embriaguez semejante al de un cosaco conservado en alcohol, huyó de la zona temiendo ser capturado por la Local. De inteligente manera, se escondió entre unos árboles para no ser descubierto.

Sin embargo, un rayo de esperanza iluminó su oscuro horizonte cuando vio al otro lado de la arboleda un coche. Rápidamente salió de su escondite y se dispuso a hablar con el tipo que había salido de él. Le contó su caso: le dijo que la Policía Local le estaría persiguiendo y que necesitaba ayuda.

El buen hombre le contestó que no podía hacer mucho por ayudarle a huir, ya que él era policía nacional y también estaban buscando al tipo que había estampado un coche en la Avenida de Madrid.

Ya... seguro que ahora os esperáis alguna trampa del tipo "el coche de policía estaba camuflado" o cosas así, pero no. Los agentes vestían su uniforme reglamentario y el coche tenía sus bonitas y giratorias luces en marcha.

Lo dicho: J.A.S. quizá pensó que entre los nacionales y los locales había diferencias, conspiraciones y luchas de poder y por eso pidió socorro a los chicos uniformados.

Puede que cayera en el error que había cometido en un momento de lucidez entre pérdida de neurona y neurona o puede que, al escuchar que la Policía Nacional también le seguía, se diese cuenta de que no podía pedir nada a la pasma. Así que salió corriendo, desilusionado con una autoridad que, en lugar de proteger y servir al ciudadano, sólo tenía como misión la represión. Al poco tiempo fue pillado por los agentes nacionales.

Una vez en comisaría se procedió a hacer a J.A.S. el pertinente control de alcoholemia. Por supuesto dio positivo y, además, se le incautó un trozo de hachís. Pero la cosa no se quedó ahí: se comprobó que ya había sido detenido en numerosas ocasiones.

Así que hemos deducido que el hombre sólo pedía un favorcillo por ser un cliente fiel de la comisaría.

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Asesino fugitivo conduce borracho hasta la comisaría

Don Alipio el 8 de March del 2010

conductor bocharro

Jean-Claude Demey, natural de Bélgica, fue encarcelado en 1988 por el asesinato del director de un banco. Se le condenó a la pena capital y pasó en el corredor hasta 1996, año en el que se abolió la pena de muerte en Bélgica. Su sentencia fue conmutada a cadena perpetua.

Dos años después, Jean-Claude se fugaba de la prisión permaneciendo y busca y captura hasta hace unos días, cuando una buena noche pasó algo curioso.

Demey y sus amigotes habían salido a tomar unas copas por la zona de Reims (Francia). Borracho como una cuba Jean-Claude se puso a conducir a través de la ciudad francesa sin contar con las obras destinadas a la construcción de un nuevo sistema de tranvía. Así, bebido y desorientado con tanta indicación y desvío, acabó con sus amigos en un aparcamiento.

Aunque iba más cocido que una gamba de nochevieja, Demey se dio cuenta de que en un lugar con tanto coche de policía aparcado en el mismo lugar no iba a ser bien recibido. Así que, resuelto, dio marcha atrás para salir del lugar.

Algunos trabajadores de la comisaría (llamémosles "policías") juzgaron que a aquellas horas de la noche no era muy común ver un auto paseándose marcha atrás por el aparcamiento. Así que procedieron a detener el coche y a llevarse a los bebidos tripulantes dentro.

Allí se procedió a la identificación de los intrusos y el posterior pasmo de las autoridades francesas al descubrir que había un fugitivo belga buscado durante más de una década.

Ahora Jean-Claude está pendiente de extradición. Aunque lo más seguro es que la resaca haya sido peor que toda una vida en la cárcel.

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Detenido por esnifar sobre un coche de policía

Don Alipio el 4 de March del 2010

esnifa

Un chavalín poligonero de Nuremberg (Alemania) de 26 años salía de su after favorito cuando se dio cuenta de que, en el bolsillo, llevaba una bolsita con un apetecible polvo blanco que distaba mucho de ser el azúcar con el que su mamá le preparaba el Apfelstrudel.

Así, sin tiempo que perder se plantó delante del primer coche que vio, volcó el contenido de la bolsa sobre el techo del vehículo, lió un billete de cinco euros y procedió a blanquear sus mocos con polvo de anfetamina.

Ahí estaba, entregado a su éxtasis nasal cuando oyó una autoritaria voz que en perfecto alemán le decía "¿Se puede saber qué haces, chungo?".

El chavalín tardó un poco en comprender la situación, pero se dio cuenta de que quién le hablaba el policía que conducía el coche patrulla sobre el que se estaba haciendo la raya.

Lamentablemente, aunque la imagen de un tipo "to endrogao" esnifando sobre el techo de un coche patrulla con las luces puestas es muy atractiva, os diremos que el citado coche patrulla iba de incógnito. Eso sí, era el único entre las decenas de coches que llenaban el aparcamiento del after.

Vamos, como dice Bert Rauenbusch, portavoz de la policía de Nuremberg: "fue mala suerte". Eso sí, seguro que el tipo no fue a comisaría en coche, sino volando.

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Ladrona de coches llama accidentalmente a la policía

Don Alipio el 25 de February del 2010

Llamada

La policía de Palm Coast, Florida (EE.UU.) recibió una extraña llamada. Nadie hablaba directamente con la operadora, pero se podía escuchar dos voces femeninas hablar.

No charlaban sobre el día, cómo estaba el tráfico o la crisis. Directamente hablaban de lo bien que les había ido robando coches cerca de un club de Daytona Beach.

La operadora pensó que quizá se trataba de una broma, pero por si acaso se puso en contacto con la patrulla más cercana al lugar donde las voces decían que habían tenido lugar los robos.

Así, más por curiosidad que por otra cosa, dos agentes rondaron por la zona y llamaron algo que les llamó la atención: un coche dentro del cual había "trasteando" una chiquilla de 13 años. Esta, al ver a los agentes acercarse salió corriendo y se dirigió a otro coche, que conducía otra chica, esta vez de 19 años.

Rápidamente los policías detuvieron al coche y a las dos ocupantes. En efecto, eran las dos personas a las que la operadora había escuchado hablar sobre los robos.

¿Qué había pasado? No se sabe a ciencia cierta, pero, en la emoción del quebrantamiento de la ley, seguramente accionó la llamada de emergencia del móvil (quizá al meterlo en la guantera o en el bolsillo). Así, sin pretenderlo, se convirtió en una asquerosa chivata.

No sabemos qué pasará con ambas, pero una cosa es segura: si se atreven a desafiar la ley de nuevo, se encargarán de dejar los teléfonos en casa.

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