Don Alipio el 19 de July del 2008

Si algunos peces de río y mar acaban llevando un anzuelo clavado en la boca...¿por qué no iba un simple pez de acuario llevar un piercing?
Seguramente eso fue lo que pensó un tal William (nos abstenemos de decir su apellido, más que nada porque no lo sabemos) que, ni corto ni perezoso, pilló a su pececito dorado por banda y le puso uno. Suponemos que para hacerse el duro entre los demás tipos de la pecera (ya se sabe que en espacios tan pequeños hay que pelear por el territorio).
Lamentablemente no podremos saber si el pez consiguió hacerse el malote del acuario porque murió... pero, aunque parezca mentira, no fue culpa del piercing. Sencillamente su dueño accidentalmente dejó que la temperatura de la pecera subiera, sofocando al pobre animalito.
Una pena. Sólo esperamos que William no tenga otras mascotas, por el bien del género animal.
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Troy el 29 de March del 2008

La esquizofrenia de los servicios de seguridad en los aeropuertos norteamericanos parece no tener límite. El caso de Mandi Hamlin clama al cielo.
Esta mujer quería viajar en un vuelo interior entre Lubbock y Dallas y tuvo, como casi todo el mundo, problemas con el arco detector de metales. Pero ella no pudo evitar el problema quitándose zapatos, cinturón y demás accesorios. Indicó a los vigilantes que tenía dos piercings en los pezones y solicitó la presencia de una agente femenina que acreditara que esos complementos no suponían ningún riesgo para la seguridad del pasaje.
Pues no, los cafres le exigieron que se los retirara para poder subir al avión.
Mandi sufrió intenso dolor al realizar la extracción, dolor moral por lo humillante de la situación, porque encima los agentes se cachondeaban de la situación, y dolor físico, ya que en este caso no era fácil retirar esos adornos, por lo que ha presentado demanda reclamando una indemnización y una disculpa de la TSA (la agencia encargada de la seguridad en los aeropuertos).
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