No puedo creer

Pesadilla en pijama

Don Alipio el 31 de March del 2011

Lo que iba a ser una divertida fiesta de pijamas para niños de entre 12 y 14 años en Brisbane (Australia) se convirtió en una terrorífica pesadilla.

Todo iba bien hasta que hacia la medianoche alguien llamó a la puerta de la casa donde los chavales, sin ningún adulto a la vista, celebraban el evento. Abrieron y se encontraron con Brett Hayes, un vecino de unos 50 años. Hayes pidió a los niños que algunos de ellos salieran con él "a dar un paseo". Por supuesto, los niños se negaron y le dieron con la puerta en las narices.

Pero eso no fue suficiente para el tipo. Brett marchó a su casa y al cabo de unos minutos volvió a la puerta portando un cuchillo de 30 centímetros, dando vueltas a la casa y gritando que alguien de los que había dentro "debía morir". Así pasaron los chicos, aterrados, unas largas tres horas.

Uno se preguntaría, ¿es que no fueron capaces de llamar a la policía? Pues sí, los chavales llamaron a la autoridad pertinente. Pero es aquí donde las cosas se enmarañan un poco: mientras algunos agentes aseguran que pasaron tres veces por el vecindario sin encontrar "fuente de disturbios", otros se disculpan diciendo que "se había dado prioridad a otros casos". Claro está, algunos padres piensan que lo que realmente sucedió fue que los policías creyeron que todo fue una broma de preadolescentes.

Cuando finalmente aparecieron los chicos de azul la cosa estaba a punto de ponerse violenta. Un enajenado Brett seguía blandiendo su cuchillo y no atendía a razones. Los policías tuvieron que advertirle tres veces que dejara en paz a los chavales, pero lo único que consiguieron fue que el vecino se abalanzara sobre los polis. Fue entonces cuando se decidieron a actuar... y pegaron un tiro al tipo en la ingle.

Ahora Brett está en el hospital. Suponemos que varios padres (a los que, por cierto, tampoco llamaron los chavales y no sabemos por qué) estarán esperándole a la salida.

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Demasiadas cosas para un único titular

Don Alipio el 17 de November del 2010

pilulas

Decir que Angel Atanasov, de Bulgaria, tuvo un mal viaje es quedarse corto... muy corto...

El infeliz se encontraba aburridísimo en su casa. Debe ser que no tenía lectura, ni videoconsola, ni televisión, ni novia. Así que decidió pasar el rato drogándose. Ignoramos si esnifó, se tragó un par de pildorillas, se pinchó o, como hacen algunos, se metió un supositorio de drogaína, pero los efectos fueron inesperados y los daños colaterales masivos.

Más colgado que una hamaca paraguaya decidió que era una buena idea pillar un cuchillo y cortarse el pene. En el momento en el que estaba haciendo eso llegó su padre, que intentó pararle. Sin embargo, enajenado, Angel le cortó un trozo de oreja.

Cubierto de sangre y con una paranoia del tamaño de el burrito de La Paz, Baja California Sur, robó un coche. Con ese coche se saltó un semáforo y arroyó a un motorista.

Sin embargo la cosa no se quedó ahí. Atanasov llegó a una granja, robó un hacha, mató un inocente corderillo que pasaba por ahí e intentó prender fuego a un pajar.

A esas alturas a la policía sólo le quedaba seguir el rastro de destrucción, así que pronto pudo rodear al chaval convertido en la encarnación de Abadón.

Angel no entró en razón, todavía muy colocado. Para huir de la policía tuvo la feliz idea se subirse a una torre de alta tensión. Por supuesto sufrió una descarga que ahora lo tiene en cuidados intensivos. Según los médicos es posible que no sobreviva.

Ahí lo tenéis, amigos y amigas. Por si no había quedado claro debéis tener en cuenta que tomar drogas No es bueno. La próxima vez que tengáis ganas de vicio le dáis al bebercio, que os matará, sí... pero poco a poco.

Visto en La Mazmorra de lo Grotesco y el Facebook de la señorita Antía

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Como “cabrearse” como Dios manda

Don Alipio el 12 de November del 2010

Ojo, no quiero decir "enfadarse", sino como imitar bien a una cabra. Este buen señor, tan cuerdo y tan en sus cabales nos lo muestra.

La verdad es que un poco de miedo sí que da el hombre...

P.S.: declarad la jornada de hoy "El día de la cabra".

Visto en The Presurfer

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Bruja declara que “las leyes de este mundo” no son para ella

Don Alipio el 31 de July del 2010

Te voy a poner dos velas negras...

Te voy a poner dos velas negras...

A la derecha tenéis a Eilish De Avalon (o al menos ese es su nombre en esta dimensión). Se trata de una bruja residente en Geelong (Australia) a la que no preocupa que vaya a ser juzgada por conducir sin licencia, hablar por el móvil mientras manejaba el auto y arrastrar doscientos metros a un agente de la ley después de haberle pillado el brazo con la ventanilla del coche.

No es que tenga poderes especiales o que vaya a desaparecer cuando el juez dicte sentencia. Sencillamente es que las leyes de esta dimensión no van con ella. Más que nada porque Eilish asegura que es un ente de otro mundo que está más allá del bien y del mal que nosotros conocemos.

O eso, al menos, fue lo que le dijo al pobre policía que le paró. Como ya dijimos, él observó que ella hablaba por el móvil mientras conducía; le paró y le pidió la documentación. Ella dijo que no tenía carnet, así que el agente le pidió explicaciones. Esas explicaciones fueron las siguientes: "Vengo de otro mundo. Sus leyes y penalizaciones no se me pueden aplicar. Lo siento, pero me tengo que ir. Gracias".

El agente, el típico escéptico que no cree en la magia, pensó que De Avalon estaba sencillamente loca, así que procedió a quitar las llaves del contacto; pero llegó tarde. Eilish pisó el acelerador, subió la ventanilla atrapando al policía y le arrastró unos 200 metros a 60 kilómetros por hora. Por supuesto el pobre policía necesita cirugía en brazo y hombro.

Tampoco sabemos qué suerte correrá Eilish dado que el juicio ha tenido que ser aplazado hasta el 6 de agosto. No sabemos la razón de ese aplazamiento, aunque sospechamos que se trata de una maniobra de seres interdimensionales, que quieren dar tiempo a la bruja para que trascienda su cuerpo físico y su yo etéreo escape del calabozo.

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Detenido ataviado con ropa interior de mujer

Don Alipio el 10 de May del 2010

Jason Hanson, conocido como Corsetman

Jason Hanson, conocido como Corsetman

Imagina que eres de Oklahoma (EE.UU.), que un buen día llegas a tu casa y escuchas ruidos en uno de los dormitorios. Te temes lo peor, te acercas a la puerta, echas una mirada...

Y te encuentras con el hombre que véis en la foto vaciando los cajones de la cómoda y metiéndose entre sus ropas braguitas, sujetadores, medias y frascos de loción.

Después de ver eso te preguntas muchas cosas (y seguramente la última será cómo ha llegado ese sujeto a entrar en tu hogar). No sabes si telefonear a la policía, al manicomio más cercano o a la tienda de ropa interior de la esquina. Finalmente, y porque el número es más corto, llamas a la policía.

La policía llega al poco tiempo a tu casa, más por curiosidad que por el hecho de cumplir con el deber (todo hay que decirlo). Los agentes, extrañados, se encuentran con que estás hablando amigablemente con el ladrón (no se te había ocurrido otra forma de retenerle que "darle charleta").

El singular personaje que ha violado la integridad de tu hogar se llama Jason Hanson y parece un tipo pasado de rosca, pero no del tipo que acuchilla biblias y planta potos en tu jardín.

La policía, lamentando acabar con el amigable momento, procede a registrar a Jason: va sacando ropa interior de varios tipos, sensuales medias... yendo un poco más allá los agentes notan algo extraño bajo las ropas del ladró; y comprenden el por qué de la cintura de avispa del señor Hanson.

Jason llevaba un corsé, y no sólo eso: también embellecía sus piernas con un par de delicadas medias. En efecto Jason no robaba la ropa para venderla en un mercadillo o darse algún placer: lo hacía para llevarla puesta.

La policía entonces pregunta la razón de esa "vestimenta íntima", tú escuchas antentamente las palabras de Jason: "Un desconocido me dijo en una gasolinera que esto estaba bien".

Por supuesto, los agentes se lo llevan a la comisaría. Y lo último que sabes de Jason es que parecía estar bajo la influencia de algún estupefaciente. Quizá de esa droga que se llama "Glamour".

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