Don Alipio el 16 de June del 2011

Al fondo, el coche con la víctima todavía sobre el techo
Un extraño suceso tuvo lugar en Wichita, Kansas (EE.UU.). Los vecinos vieron cómo de buena mañana el doctor Mohammad Sarrafizadeh, de 67 años, daba una vuelta en su coche por el barrio. No sería nada del otro mundo si no fuera porque sobre el techo del coche iba un muerto. Claro está, los vecinos llamaron bastante preocupados a la policía, cuyos agentes se encontraron con el vehículo perfectamente aparcado delante de la casa del conductor... todavía con el pobre finado encima.
Los agentes reconstruyeron los hechos, como en las series tipo "C.S.I. nombredeunaciudaddeestadosunidos" . Sarrafizadeh habría atropellado a un hombre de 32 años que estaba tranquilamente pasando su cortacésped por el jardín a eso de las 7:00 A.M. El accidente se produjo con tal violencia que el hombre, tras chocarse contra el frontal del coche, salió volando hacia el techo, donde permaneció el resto de los 4 kilómetros que separaban el lugar del incidente de la casa del doctor.
¿Qué había pasado?, ¿acaso Mohammad no se había dado cuenta de que había atropellado a alguien y siguió a lo suyo?, ¿era una especie de venganza porque odiaba a los que cortan el césped?, ¿o acaso el pretendido finado era un muerto viviente y el pobre doctor hizo lo que hizo por defender a la humanidad? Nadie lo sabe y eso es lo inquietante del asunto.
De momento el doctor va a ser procesado por no haber ayudado a la víctima de un accidente; aunque se espera que el caso tenga más miga. A ver qué ocurre. La verdad es que el típico caso extraño que sabes que pasados tres años vas a ver citado en algún programa de televisión del tipo "los homicidios más estúpidos de América".
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Don Alipio el 3 de March del 2011

Los Burford y ese pedazo de tronco suyo
Pete Burford, residente en Elderfield, cerca de Tewkesbury, Gloucestershire (vamos, en algún lugar de Inglaterra) estaba tan tranquilo partiendo un tronco de álamo cuando reconoció en uno de los leños la cara de alguien que estuvo entre nosotros, murió y resucitó y ahora está en el cielo.
Sí, al señor Burford se le apareció la cara de E.T. .
Sin poder creérselo, Pete llamó a su mujer Sylvia para que le dijera si realmente aquello era la faz del extraterrestre o él estaba desvariando. A la mujer también le pareció la cara de un ser de otro planeta, pero lo de que exactamente fuera el de uno que protagonizó una película hace 30 años le parecía ridículo.
Más que nada porque Sylvia está segura de que es una señal dejada por otros alienígenas que visitaron la comarca hace 40 años.
Ninguno de los integrantes de la pareja se pone ahora de acuerdo. ¿quién tiene la razón en esta típica discusión de jubilados? Nadie lo sabe.
Eso sí, yo tengo una teoría: Dios ha pasado de enviarnos señales a cachondearse de nosotros.
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Don Alipio el 28 de April del 2010

Pa habernos matao, jefe, pa habernos matao
Jim Rawlinson es un jubilado de 68 años que vive en Hanalei Bay, Kauai (Hawaii). Y no es el típico abuelete que lee el periódico con las gafas en la punta (de la nariz, se entiende), se duerme en un taburete o se queja de que con lo cuesta un café hoy en día antes se podía comprar un coche descapotable.
Rawlinson es un enérgico hombre que dedica las horas de su dorado retiro a surfear, a sentir la sal del mar en la cara y a desafiar la olas enviadas por Poseidón.
Eso estaba haciendo una buena mañana cuando, de repente, sintió que algo golpeaba la parte de atrás de su tabla y le hacía elevarse en el aire. Era un tiburón tigre, de cuatro metros de longitud, que se disponía a picar algo entre horas.
Hasta aquí todo normal: un tiburón que ataca a un surfista, nada del otro mundo. Sin embargo Jim cuenta lo que ocurrió después como si se tratara del tataranieto del insigne Barón de Münchhausen.
Tras esos segundos haciendo "vuelo sin motor", Jim cayó sobre el lomo del animal. Imagináos la composición: un tiburón que lleva entre los dientes una tabla y, atado a la tabla por el pie, el abuelo.
Rawlinson tampoco quiere exagerar, así que confiesa que la situación sólo duró unos segundos y que, gracias a su sangre fría, nervios de acero y todas esas cosas, pudo tranquilamente sacar el pie de la cuerda que le sujetaba a la tabla y dejarse caer del lomo del bicho.
Por supuesto, Jim cuenta con un testigo, Terry Lilley, biólogo marino que estaba grabando con su cámara cuando el tiburón atacó a su amigo. Sin embargo, maldita casualidad, Lilley afirma que sólo pudo grabar un grupo de tortugas que huían, asustadas por la proximidad del depredador marino. Eso sí: afirma que probablemente el tiburón iba a atacar a alguna de esas tortugas cuando se encontró con el surfista.
¿Realidad, ficción, delirios de un jubilado con ganas de aventura? No lo sabemos. Quizá algún día los redactores de NPC podamos retirarnos a Hawaii y comprobar si eso puede ser cierto.
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Don Alipio el 25 de January del 2010
El señor Eugène, de 59 años y natural, creemos, de Bélgica tiene la suerte de disponer de un garaje en su casa. El problema es que tal garaje es sólo 3 centímetros más ancho que el Fiat Panda que tiene por vehículo. ¿Cómo aparca? Ahora mismo lo veréis.
Un artista, sin duda. Aunque creo que todos nos hemos preguntado lo mismo, ¿por qué no usa el garaje como trastero? Total... ¿quién iba a querer robar un Fiat Panda en estos tiempos?
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Don Alipio el 15 de September del 2009

Sentimos no tener una foto más nítida. La flecha señala el tubo
Las autoridades de San Diego (EE.UU.) han sido burladas. El criminal que lo ha hecho, sin embargo, es fácil de describir: va bien vestido, tiene unos setenta años y está "conectado" a un tanque de oxígeno.
Sí, amigos. El sábado pasado un jubilado con problemas de respiración fue hasta el Banco Nacional de San Diego en el pueblo de La Jolla, se acercó a la ventanilla, le pasó una nota a la cajera cuyo contenido no ha sido desvelado y se llevó así, por las bravas, una importante cantidad de dinero tampoco aclarada. Y todo ello sin haber sacado en ningún momento un arma.
Así, como llegó, se fue el ladrón. Eso sí, sin haber soltado en ningún momento su tanque de oxígeno, del que salían unos visibles tubos que le llegaban hasta la nariz.
¿Se trata en verdad de un astuto jubilado o de un buen disfraz? No lo sabemos con total seguridad. Pero si alguien observa que su abuelo vuelve de un viaje por Estados Unidos con muchos regalos y una enfermera sexy del brazo... no le vamos a decir que le delate, por supuesto.
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