No puedo creer

Nos ha gustado: Kevin Van Aelst

Don Alipio el 18 de January del 2011

Prácticamente se ha retratado todo lo retatrable del ser humano. Sólo faltaba una de esas cosas que nos hacen verdaderamente únicos: las huellas dactilares.

El artista Kevin Van Aelst ha dedicido hacer arte de lo que los policías consideran un indicio y ha elaborado las obras que véis. Él no se limita solamente ha recrear la huella, también ha innovado a la hora de usar los materiales más mundanos para trabajar. Como estáis viendo en estas fotografías.

Eso sí, no me creo yo que lo de arriba sea detritus de gato. O el tipo es un asqueroso y se dedica a guardar los mojones de su minino, o su gato ha tomado un poderoso laxante o eso es más falso que las cagarrutas de cartón piedra que mi primo el bromista dejaba en la bañera de mi abuela.

Visto en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme

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Detienen en el aeropuerto a hombre sin huellas dactilares

Don Alipio el 3 de June del 2009

Ya sabéis que en Estados Unidos se lleva un registro de cada extranjero que entra en el país: se le identifica, se le toma las huellas dactilares... y si algo no cuadra... ¡al calabozo!

Imagináos entonces la situación: un hombre de 62 años proveniente de Singapur llega a un aeropuerto norteamericano. Los oficiales de inmigración van a entintarle los dedos... ¡Y descubren que el buen hombre no tiene huellas dactilares!

¿Qué pasa?, ¿se trata de un terrorista que se ha hecho alguna clase de cirugía para no dejar rastro?, ¿se trata de algún tipo de experimento genético?, ¿no es una persona y se trata de maniquí?

No. La respuesta es, cuando menos, curiosa. El buen señor estaba tomando Xeloda, un fármaco que detiene el crecimiento de las células cancerosas y por lo visto sufrió un inusual efecto secundario.

Preguntado por el suceso, el Doctor Otis Brawley, director médico de la Sociedad Americana del Cáncer, ha declarado que es posible que un consumidor de ese medicamento pierda las huellas dactilares, aunque se da en contadas ocasiones. Por lo que sabe algunos pacientes a los que se ha recetado Xeloda se quejan de que pierden sensibilidad y "agarre" en las manos.

Seguro que después de leer esto alguno pensará en buscar Xeloda en el mercado negro para llevar a cabo algunos golpes. Sin embargo debéis saber que la ingesta de la medina provoca debilitamiento del sistema inmunológico. Así que ya sabéis: contratad a un sicario para que se la tome y haga el trabajo sucio.

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Un ladrón que deja huella

ElCanalla el 22 de April del 2009

Atthapol Maenkrathok prometió a su esposa que esta vez sí, que era el fin, que se retiraba. Que el de esa noche en el tren con destino a Bangkok era su último trabajo. El que garantizaba un retiro dorado al ladrón de guante blanco más buscado por las autoridades tailandesas. El colofón a una trayectoria inmaculada, digna de equipararse a los grandes nombres de la historia del hampa y el crimen organizado.

El plan era tremendamente fácil para Maenkrathok: permanecer escondido entre el equipaje a la espera de un descuido de una acaudalada dama de la alta sociedad que viajaba de incógnito en el compartimento de segunda del tren con destino a Bangkok. Con paciencia, se apoderaría de un preciadísimo botín.

Y así fue. Fácil, rápido, con sigilo y objetivo cumplido. Como siempre. El caco de lujo festejó con su (alborozada) esposa el último de sus trabajitos, la guinda a una trayectoria fulgurante, el remate de una trayectoria impecable forjada en torno a sus trabajos, metódicos, detallistas, impecables. Esa noche Maenkrathok lo sabía: ya formaba parte de la leyenda de los mejores ladrones de guante blanco.

Pero la leyenda se tornó cruda realidad apenas unas horas después, cuando la policía lo sacó de la cama y le acusó de robar a una dama acaudalada en el tren con destino a Bangkok. Nuestro apuesto ladronzuelo no entendía nada. "¿Qué había fallado esta vez?", preguntaba una y otra vez a los agentes mientras le conducían en un furgón policial camino de chirona.

Apenas un par de detalles, le respondió socarronamente uno de los policías mientras se sacaba del bolsillo una bolsa de pruebas con los cinco dedos de los pies que el ladrón se cercenó al saltar del convoy en marcha. Mientras, en la otra mano, el agente mostraba una tarjeta de visita que Maenkrathok también perdió en su huida. Un último matiz que libraba a los agentes del engorroso trabajo de tomar las huellas (de los pies) a los sospechosos habituales y cerraba en falso la leyenda del ladrón de guante blanco más buscado por las autoridades tailandesas.

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