Don Alipio el 24 de January del 2011

Esta vez sí que podría decirse que "hay amores que matan".
Una mujer de 44 años residente en Nueva Zelanda se presentó en Urgencias de un hospital de Auckland víctima de una parálisis parcial. Ante lo grave de la situación varios médicos la examinaron.
Descubrieron que lo que había causado la parálisis fue un pequeño derrame cerebral. Pero para su asombro se dieron cuenta de que ese derrame fue provocado por un coágulo que se había formado en el cuello de la mujer por culpa de un chupetón. Este coágulo habría viajado por el torrente sanguíneo y habría armado la que habéis leído.
Sí, amigos, amigas y entes neutros: la pareja de la mujer se había pasado y en un momento de pasión le había mordido en el cuello. Y lo hizo con tal fuerza que casi mata a la señora. Como podéis ver, ¡oh pecadores! La lascivia podría haber acabado con una vida.
Así que ya sabéis: si queréis vivir más tiempo no hagáis guarradas con la boca. Centraos en las partes de abajo.
P.S.: Seguramente he descrito bastante mal el proceso del coágulo. Si es así perdonad. Ya sabéis que yo para la medicina soy muy malo.
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Don Alipio el 6 de September del 2010
Tener las manos limpias es fundamental si se trabaja en un hospital. Para recordar cómo hay que lavárselas correctamente, varias auxiliares del Milton Keynes Hospital (Reino Unido) se han cambiado de uniforme y han compuesto un rap (ojo: el tema musical en cuestión comienza en el 00:56)
¿Es cosa mía o varias de las "cantantes" parecen estar pensando "¿se puede saber qué narices estamos haciendo?"?
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Don Alipio el 9 de August del 2010

Jerry y Rosie con Kiko, el perro comehumanos salvavidas
Cuando tu perro te muerde le sueles regañar, cuando te mutila de un mordisco sueles pensar en llamar a un exorcista. Sin embargo en el caso que nos ocupa el hecho de que el can haya probado el dulce sabor de la carne humana ha sido hasta cierto punto bueno.
Os contamos: un buen día Jerry Douthett, ciudadano de Michigan (EE.UU.) descubrió una extraña franja en su pie. No le dio mayor importancia y decidió cortar la piel de la zona afectada con un cuchillo. Sin embargo, pasados unos días el pie comenzó a hincharse, impidiendo a Jerry ponerse cualquier tipo de zapato.
Su mujer Rosie, enfermera, temía por él y le decía que aquello podía ser diabetes Pero Jerry, cabezón como él sólo, se negaba a ir al hospital y daba constantes largas.
Un buen día, con el pretexto de armarse de valor para ir a hacerse los análisis, Jerry se fue a tomar unas copas. Empezó con unas cervezas y siguió con varios margaritas hasta que finalmente acabó como un cosaco que se hubiera... (perdón, no voy empezar con lo mismo de otras veces)... el caso es que Rosie tuvo que llevarle a casa, donde cayó desmayado por la borrachera.
Momentos después se despertaba de su etílico letargo con una extraña sensación en el pie. La resaca se le pasó automáticamente cuando vio que el dedo gordo de su pie no estaba y que su perro, Kiko, estaba comiéndoselo.
No hubo tiempo para reprender al animal. Rosie y Jerry fueron corriendo al hospital pertinente. Allí nadie podía creer lo del perro, pero el caso es que se realizaron varios análisis que demostraron que Jerry tenía diabetes tipo 2 con unos niveles de azúcar en sangre de 560 (cuando por lo visto lo normal es tener un índice entre 80 y 120).
Así que, por decirlo así, Jerry debe la vida a Kiko. Si no hubiera sido por el mordisco el tipo hubiese seguido retrasando sus análisis y sólo Dios sabe qué hubiera pasado.
Pero, ¿cómo es que el perro fue directamente a comerse el dedo del pie? Alguno pensará que, debido a los niveles de azúcar, el pobre animal pensó que el dedo de Jerry era una gominola. Y no andaría del todo desencaminado: los perros tienen 220 millones de receptores olfativos (muchos más que los 50 millones de la persona humana estándar) y pueden detectar un exceso de azúcar en sangre. Un rico y azucarado dedo del pie...
De todas maneras Kiko fue puesto en cuarentena, más que nada para comprobar que no tenía la rabia y lo del descubrimiento de la diabetes fue producto de una afortunada (es un decir) casualidad. Afortunadamente el perro está bien y no hay ningún rastro de rabia.
Ahora la familia vuelve a jugar alegremente... pero con los pies enfundados en mocasines de cuero duro... por lo que pueda pasar.
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Don Alipio el 5 de August del 2010

La rivalidad entre Inglaterra y Alemania viene de tiempos antiguos. Algunas veces, de hecho, parece que si los teutones hacen algo los súbditos de la pérfida Albión tienen que imitarlo.
A las pruebas me remito: ¿recordáis cuando hablábamos de una pareja alemana que se cayó por una ventana durante el acto? Pues bien... unos ciudadanos de Aberdeen, no sabemos si por accidente o a sabiendas, no sólo han querido emular, también han querido superar a la pareja alemana.
Desconocemos el nombre de la chica, pero el caso es que convenció a su novio para "hacer el amor" (perdón por la cursilería) encima del tejado del edificio. Por lo que parece se trataba del típico tejado de dos aguas, así que el meneo constante de dos pelvis frotándose afectó a las tejas y la pareja comenzó a deslizarse hacia abajo.
El chico debió agarrarse, pero ella no tuvo tanta suerte. Sin poder evitarlo y ante la atónita mirada de unos obreros (sí, amigos y amigas) que realizaban su trabajo en el edificio, la veinteañera amante se precipitó al vacío.
Afortunadamente (si se puede usar esa palabra) no fue a dar con sus huesos contra la calle, sino que fue a caer dentro de una tienda de fotos vacía; de la que tuvo ser sacada por las autoridades. Los efectivos sanitarios no encontraron en su cuerpo más que heridas leves, pero ha sido llevada a un hospital para hacerse un chequeo.
Ya lo habéis visto, amigos y amigas, dos casos en menos de una semana. Sólo quedan dos opciones: o aprendemos de ellos para no cometer los mismos errores; o, como buenos españoles, intentamos superar a unos y otros intentando hacerlo sobre una antena de televisión.
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Don Alipio el 2 de July del 2010

Sólo lo diré una vez: tómese el Dolargial ¡YA!
Los esfuerzos de Lonnie Tinsley, natural de Reno (EE.UU.) para que su abuela de 86 años se tomase sus medicamentos fueron en vano. Así que la nieta llamó al servicio de emergencias con la esperanza de que un médico o, al menos, una persona cualificada hiciera entrar en razón a la anciana.
Imaginad la sorpresa de Lonnie cuando, en lugar de un enfemero, se presentaron una docena de policías armados.
Aquí es donde todo se vuelve más siniestro. Según el informe policíal la actitud de Lona (la abuela, en cuyo honor fue bautizada Lonnie) se tornó demasiado agresiva por lo que hubo que responder en consecuencia: uno de los policías pisó la manguera de oxígeno de la señora hasta que prácticamente se quedó inconsciente.
No contento con eso otro de los agentes, para asegurarse de que la abuela se tranquilizaba, le disparó con su táser. Claro está, provocó a la anciana quemaduras en el pecho.
Pero la cosa no terminó ahí. Después de la asfixia y la electrocución se llevó a cabo el aprisionamiento: otro de los policías esposó a la sufrida mujer de tal manera que las esposas desgarraron parte de la carne del antebrazo.
¿Seguimos? Tras el espectáculo la pobre señora fue internada durante seis días en un hospital psiquiátrico.
Para mí que las fuerzas del orden se han pasado. Por muy agresiva que se ponga una persona, creerse Harry el Sucio no es una solución.
Aunque también cabe la posibilidad de que la anciana formara parte del reparto de REC.
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