Don Alipio el 30 de August del 2010

Objetivo localizo... inicie maniobra de empalmamiento
Amiga, seguro que te ha pasado más de una vez: te pones tus mejores galas para salir a tomar algo con unas amigas. Una vez estáis todas reunidas en la boca de metro vais a un bareto, entráis y notáis que todas las miradas masculinas se dirigen a vosotras y que unos ojos lascivos os desnudan. Seguramente pensaréis "hombres... ¡qué guarros son todos!".
Amiga, debes saber que esa actitud no es culpa nuestra. No, no somos animales perpetuamente en celo, no somos depredadores. Sólo se trata de nuestro instinto, que nos juega malas pasadas.
Eso es lo que dice la eminente neuropsiquiatra Louann Brizendine, formada en Yale, Harvard y Berkeley. En su próximo libro "El cerebro masculino" viene escrito que nuestra masa encefálica (la de los hombres, se entiende) tras cientos de miles de años, ha evolucionado para detectar la presencia de hembras "calientes". De esa manera, mucho antes de que seamos conscientes de que una atractiva mujer está en el lugar, nuestra materia gris ya ha procesado la presencia y manda al resto del cuerpo actuar en consecuencia elevando el ritmo cardíaco, aumentando la testosterona, fijando los ojos en ciertas partes de la evaluada, babeando...
Pero, repito, sin que nosotros seamos conscientes. Nosotros no somos más que inocentes almas dentro de un vehículo de cortejo masivo que algunas veces pone el piloto automático tratando de buscar un buen puerto en el que atracar para no hundirse en un tormentoso mar de desasiego existencial; comandantes de un submarino al que, víctima de una avería en su sistema de navegación que intenta llevarle al verdadero amor, se le sube el periscopio.
Así que si algún día nos pasa eso, perdonadnos porque no sabemos lo que hacemos. Pensad en nuestra condena y, si podéis, confortadnos apoyando nuestro averiado cerebro en vuestro regazo o en vuestro seno.
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Don Alipio el 4 de July del 2010
Muchos otros domingos, me da por lo "vintage". El siguiente vídeo data de 2004, pero fue colgado en Youtube en 2007 (no sé por qué escribo esto, pero bueno). El caso es que en él podemos ver como un "experto" saudí explica la diferencia entre hombres y mujeres.
(Ironic mode on) ¡Así que es esa! Me riendo ante la sapiencia y el método científico usado por el experto este. Por no decir que los gráficos computerizados son muy explicativos y adelantados a su tiempo. (ironic mode off)
La madre que lo trajo...
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Don Alipio el 8 de May del 2010
¿Os acordáis del famoso fragmento de la película "El hundimiento" que fue retirado de Youtube?
Pues bien, Brandon Hardesty ha hecho su propia versión de la escena. Eso sí: lo ha hecho él solo... y cuando decimos "solo" nos referimos a que él, en su cuarto y sin atrezzo ni vestuario, hace de todos los personajes y en perfecto alemán (pese a ser de Baltimore, EE.UU.). Con un par.
Por cierto, yo juraría que tengo una americana de pana igual a la que lleva Bruno Ganz... perdón, Brandon Hardesty.
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Don Alipio el 10 de March del 2010
Una aristócrata aventurera contra una princesa rebelde... y ambas ligeras de ropa en un ambiente helado, ¿quién ganará?
Yo sí tengo claro quién ganará: ¡el resfriado!
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Don Alipio el 18 de June del 2009

Este es el capitán Wayne Keble
En la dilatada historia militar del Imperio Británico hemos visto que algunos de sus mandos más eficaces son también los más excéntricos.
Una prueba más de ello la tenemos en la persona de Wayne Keble, capitán del HMS Bulwark, actualmente haciendo unas maniobras de las que no volverá hasta agosto.
Como decimos, el capitán Keble es un capaz capitán de navío con pinta de viejo lobo de mar por cuyas venas corre agua salada y no sangre; un hombre que entiende a su tripulación y que comprende que cada tripulante debe tener un mínimo de libertad para hacer lo que desee...
... menos para comer coles de Bruselas.
En efecto, el capitán Keble es un enemigo declarado de las coles de Bruselas, a las que llama "el diablo vegetal". No le gusta su sabor, su color y mucho menos su repugnante olor, que podría convertir su amada nave en un apestoso pedazo de chatarra cuya presencia pudiera advertir el enemigo en varias millas naúticas a la redonda.
Bueno... esto último es una exageración, pero sí es verdad que el capitán detesta a esos malditos repollos en miniatura y que, pese a que exige que la comida que se sirve en su nave sea saludable, no hay cabida para esas diminutas y flatulentas verduras.
La razón exactamente no la sabemos. Pero quizá, al estar en la marina, podemos suponer que su madre quiso en algún momento obligarle a tomar algunas coles haciendo el avioncito. Ya sabéis por dónde quiero ir...
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