Don Alipio el 26 de October del 2010
¿Recordáis el "Double rainbow"? Un hombre queda extasiado por el espectáculo de la belleza natural, alegrándose de que todo esté en paz y orden. Pues bien... muchos piensan que esto que vais a ver es todo lo opuesto a ese vídeo.
Si algún día se encuentran este y el del arcoíris, ¿qué le pasará al mundo?
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Don Alipio el 7 de October del 2010
¿Qué se esconde detrás de gritos como estos?
¿Se trata de esfuerzo épico?, ¿insatisfacción sexual?, ¿estreñimiento? Al parecer no. Lo que hay es lo que mucho pensábamos: intimidación y despiste.
Al menos esa es la conclusión a la que han llegado los psicólogos Scott Sinnett, de la Universidad de Hawaii (EE.UU.) y Alan Kingstone, de la Universidad de la Columbia Británica, Vancouver (Canadá).
Según sus estudios y observaciones esos extraños (y a veces eróticos) gritos desconcentrarían a los adversarios, impidiéndoles reaccionar ante una bola rápida. No es que los deportistas griten conscientemente con ese objetivo, sencillamente es el propio grito el que propicia ese resultado.
A tal conclusión han llegado después de un curioso experimento: se proyectaba ante varios sujetos imágenes de partidos de tenis y se les pedía que adivinaran la trayectoria de la pelota cuando era tocada por la raqueta. A algunas de esas imágenes se les añadía un grito en el momento antes contado.
Pues bien, la inmensa mayoría de los sujetos no fue capaz de adivinar la trayectoria cuando sonaba el dichoso ruidito.
No es que quede en entredicho la carrera de muchos deportistas, pero ya hay quien piensa que, para igualar, habría que poner máscara a los tenistas.
Aunque os digo una cosa: los partidos de la Sharapova no serían lo mismo.
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Don Alipio el 12 de March del 2010
Imaginad que un día estáis celebrando una distinguida fiesta en el jardín de vuestra lujosa casa. Relevantes y elegantes invitados disfrutan de un delicado piscolabis cuando la paz de tan cuidado entorno se ve mancillada por gritos como estos.
¡Qué contrariedad! Los invitados se escandalizan: a unos se les cae el monóculo, a otras se les ha roto la copa, algunas se han desmayado por el shock y unos cuantos se sienten contrariados por el crecimiento de unos extraños bultos dentro de sus pantalones. Juras entonces venganza contra el matrimonio que ha mandado construir una pista de tenis junto a tu jardin.
Algo así tuvo que ocurrir para que los vecinos de una excelsa urbanización de Throwley, cerca de Faversham, Kent (Inglaterra) obligasen al Doctor Alan Murphy a insonorizar la pista de tenis sobre la cual echa algunos... partidos... a su mujer, Lucy.
Según los afectados los gritos son insoportables y rompen la paz y la armonía de las fiestas al aire libre que muchos de los residentes tienen la costumbre de organizar.
El Doctor Murphy no ha ocultado su sorpresa. Según él, en los más de 10 años que lleva siendo nadie se había quejado. No obstante dice que estudiará algún tipo de solución.
Los vecinos, que también se han quejado de la deslumbrante luz de los focos instalados en la pista, han propuesto a Murphy que haga de su cancha una pista cubierta y que, de paso, la forre de material que evite tener que escuchar cómo se lo pasan de bien dándole a las pelotas.
Desde luego... qué pareja de vándalos.
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Don Alipio el 20 de December del 2009
No os engañéis: sabemos que no os gusta el golf. Este post va dirigido a Tiger Woods, que como ya no podrá salir de casa sin que le busque algún marido celoso o los periodistas, tendrá que seguir practicando con sus palos. Para él: Tiger, puedes tomar nota de estos chavales.
Tiger: Y ellos están gritando porque han metido una bola de golf, no porque estén orgasmando como tú, que conste.
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Don Alipio el 13 de November del 2009

Los amantísimos amantes
La simpática pareja que está a vuestra derecha es la formada por Caroline y Steve Cartwright, de Washington on Wearside (Inglaterra). Sus intransigentes vecinos les han denunciado a las autoridades. ¿Y cuál es su delito? Sencillamente amarse.
Y es que, por lo visto, la señora Cartwright emite unos gritos tan altos cuando está disfrutando del acto sexual que el resto de la calle no puede dormir, ni descansar ni llevar una vida normal. Vamos, lo mismo que les pasa a las personas que viven cerca de los aeropuertos.
Para demostrar que el nivel sonido pasaba de lo "erótico-cachondón" a lo directamente terrorífico una de las vecinas de la pareja, Rachel O'Connor instaló un equipo de medición de sonido que registró que los alaridos de placer de Caroline llegaban a 47 decibelios (cuando la ley permite en un domicilio hasta 45 en horario nocturno... o eso nos han dicho).
Así, con los datos en la mano, puso la denuncia, que pilló de sorpresa al feliz matrimonio. El señor Cartwright ha declarado que para él los gemidos de su parienta son normales, pero también ha confesado que, viendo hasta donde han llegado sus vecinos para quitarle las alegrías nocturnas, ha llegado a intentar controlar el problema poniendo una almohada en la cara de su mujer (una imagen muy sugerente, por cierto). Pero el caso es que el daño ya está hecho y habrá un juicio en diciembre.
Por supuesto, Caroline niega todas las acusaciones y está dispuesta a llegar donde haga falta para poder "irse" a gusto. Ya me entendéis.
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