Don Alipio el 17 de March del 2010

Uno podría pensar que el último golpe de mala suerte que uno puede tener es el de morir. Sin embargo, aunque no nos demos cuenta todavía nos puede ocurrir algo malo.
Y si no que se lo digan al pobre hombre fenecido que pasó 90 minutos en un depósito, sí... pero de coches en Nueva York (EE.UU.).
Os contamos: Paul DeNigris, director y conductor de coches fúnebres de la funeraria Redden's, aparcó un momento el coche fúnebre con el ataúd y muerto pertinentes dentro junto a la funeraria para recoger unos papeles que se la habían olvidado. Como no iba ni a tardar un minuto, dejó aparcado el vehículo en una zona de estacionamiento prohibido.
Sin embargo, cuando volvió a salir de su lugar de trabajo se encontró con que el coche y su carga había desaparecido. La grúa municipal de Nueva York se lo había llevado al depósito donde se dejan los coches infractores.
Claro está, la discusión está servida: mientras la policía cuenta que en ningún momento vieron algo que indicara que aquel coche estaba "trabajando" y tenía "pasajeros" DeNigris asegura que, como siempre que dejaba un coche "ocupado" a solas, puso un cartel en el que indicaba que el auto estaba de servicio y "cargado".
El conductor piensa recurrir la multa de 185 dólares (unos 134 Euros). Afortunadamente el señor sin vida pudo llegar al aeropuerto y embarcar en el avión que lo llevaría al lugar donde debía ser incinerado.
Solamente esperamos que el pobre hombre finado no hubiese sido mecánico o hubiese muerto por un atropello. Más que nada porque en su estado no habría apreciado bien el chiste.
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Don Alipio el 10 de January del 2010

Una mujer de iniciales M.F.R., residente en Nuevo México (EE.UU.) murió en un accidente de tráfico en Utah (EE.UU.). Como su domicilio estaba lejos del lugar donde se procedió al levantamiento del cadáver y demás tratamientos (entre ellos, el envío de los efectos personales de la difunta) hubo dos funerarias implicadas: la de Nuevo México y la de Utah.
Así que ambas se echan las culpas de que la familia de M.F.R. recibiera el cerebro de la mujer dentro de una bolsa que estaba a su vez, dentro de la caja de efectos personales de la difunta.
Sí, en algún momento, alguna de las dos funerarias le sacó el cerebro a la mujer para tratar el cuerpo (dicen que se trata de un "procedimiento normal" en casos de accidente con traumatismo craneal), lo metieron en una bolsita precintada y lo metieron en la caja que no era.
Imagináos la sorpresa y la indignación de la familia cuando vieron entre la ropa, el bolso y demás objetos una "maloliente" bolsa llena de sesos en descomposición. Claro está, la familia emprenderá acciones legales.
Ya lo dijo aquel: "la muerte te aparta de todo, menos de los inútiles".
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Don Alipio el 26 de May del 2009

Ir a un entierro no es plato del gusto de nadie. Pero tener que ir a dos por culpa de la negligencia de un tercero es, además, indignante.
Os contamos: El finado Tito Vásquez de Bogotá (Colombia) fue llevado a la funeraria para ser embalsamado y llevado al velatorio.
Muy bien: la familia, amigos y demás llegan al cementerio para despedirse de Tito. Pero la espera se alarga, un poco, bastante, mucho, demasiado... y no se tienen noticias de dónde está el fallecido ni dónde puede haber acabado su cuerpo.
A esas alturas la gente se esperaba lo peor. ¿Quizá habían secuestrado el cuerpo para pedir un rescate? El caso es que pasaron las 24 horas de rigor y la familia acudió a la fiscalía, que inició las investigaciones oportunas.
Finalmente se halló tanto el cuerpo como el coche... en el aparcamiento de un motel a las afueras de la ciudad. Dentro todavía estaba el pobre señor Vásquez. El que no estaba era el chófer, que un día antes, había decidido hacer un parón en su viaje al cementerio para tomarse una cervecita en el bar del motel. Una cosa llevó a la otra y, como suele pasar, perdió el tiempo entre cañita y cañita.
No sabemos qué pasará con el conductor (si es que el dueño de la funeraria no le ha metido ya en un ataúd), pero la familia y amigos de Vásquez por fin pudo dar el último adios a su viajero amigo.
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