No puedo creer

Madre controla a su hijo por GPS

Don Alipio el 31 de May del 2009

Un amigo mío solía decir "Madre no hay más que una... ni cuerpo que lo resista". Se quejaba así de lo controladora que era la suya y de que esta siempre quería tenerle localizado. Creo que, después de leer esto, pensará que lo de la buena señora no era para tanto.

Expliquémonos: a la derecha tenemos a Rachel Wilder, londinense mujer de 53 años; al lado están dos chicos, uno de los cuales es su hijo Harry (creemos que es el chaval sentado en el techo del coche, con cara de fastidio), de 19 años. Pues bien, el chaval decidió tomarse una temporada sabática para ver mundo, más concretamente Sudáfrica, Tailandia y Australia.

Si ya una madre se preocupa cuando su hijo se va de la ciudad un par de días, imagináos cómo se puso Rachel cuando se dio cuenta de que su retoño se iba a pasar 12 meses a miles de kilómetros de distancia. Afortunadamente (para ella) descubrió que la tecnología GPS podía ayudarle. Le compró un dispositivo Traakit (una cosa del tamaño de una tarjeta de crédito) que le permite saber en todo momento si su hijo está dando una vuelta por Melbourne, visitando un museo o en algún motel. En el caso de que el chaval esté en un lugar que no le guste a mamá, ella puede mandarle un SMS advirtiéndole de malas compañías o lugares peligrosos.

Preguntado por la vigilancia de alta tecnología a la que le somete su madre, Harry dice que está muy contento (suponemos que la sonrisa es forzada) ya que, en el caso de que sea secuestrado en Tailandia, Rachel podrá actuar en consecuencia. Eso sí, también admitió que, en el caso de que no quiera que su madre sepa dónde está, deja el dichoso dispositivo en el coche.

Claro, pensad que un día Harry se encuentre acarameladísimo con una australiana tipo Imogen Bailey y de repente recibe un SMS en el que pone "ten cuidado con esa, que he visto fotos suyas en el Facebook y tiene pinta de pelandrusca".

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Ataca a su hermana con una caca de perro

Don Alipio el 11 de February del 2009

A poca gente le guste que le traten como una mierda, a menos gente todavía le gusta que le agredan con una de perro. Ambas cosas sufrieron los miembros de una familia de Volusia County (EE.UU.).

Nos explicamos: debido a una discusión sobre cómo y quién debía quitar las deposiciones de un perro de la escalera de la casa, los hermanos Stacy y Michael Rash cayeron de lleno en una espiral de violencia. Michael, al que le había tocado recoger los excrementos con una sartén (sí, con una de esas cosas con mango que sirven para hacer las patatas fritas) se sintió molesto y no tuvo otra idea que la de pagar su frustración en su hermana Stacy estrellando el improvisado "recogedor" y su carga contra la cabeza de su pariente.

Acto seguido, Michael habría sacado de la casa a su maltrecha y sucia hermana a rastras y pillada por el pelo. Stacy, por supuesto, se resistió. Pero he aquí que se equivocó de objetivo y, en lugar de agredir con justicia a su hermano, le propinó tal leche a la novia de este que casi le salta un ojo. Por supuesto, eso no contribuyó a que Michael se calmase (ni a que la novia, que también cargó contra Stacy, impusiese calma).

Para terminar de rematar la faena, poco tiempo después se personó en casa la madre de ambos hermanos. Y se hizo la paz... pero fue una paz momentánea y falsa porque Michael aprovechó ese momento para entrar de nuevo en la casa y salir con una pistola con la que apuntó a su madre y a su hermana, amenazándolas de muerte si no se marchaban del hogar.

Afortunadamente, antes que de la cosa llegara a mayores la policía se personó en el lugar y acabó deteniendo a hermano, hermana y novia (el pack completo).

Ahora todos se enfrentan a cargos por violencia doméstica (y Michael, además, ha sido acusado de asalto con arma de fuego).

Vamos, que no me gustaría estar en la próxima nochevieja en el hogar de los Rash.

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Dispara a la familia pesada del cine

Don Alipio el 29 de December del 2008

No sé si calificar como "criminal" o "miserable" a alguien que ha hecho lo que todos hemos tenido de perpetrar alguna vez.

Y es que a James Joseph Cialella, de Philadelphia (EE.UU.) le tocó aguantar a la familia pesada que va al cine a charlar en vez de a ver la película.

Cialella, molesto por el volumen de la voz de Woffard Lomax (cabeza de la familia), pidió silencio. Por supuesto, Lomax no se dio por aludido y siguió la charleta con su mujer e hijos. James procedió entonces a lanzar palomitas contra la familia, pero ninguno de los Lomax se dio por aludido.

No contaban con que Cialella había llevado al cine a su mejor amiga: una pistola calibre 380.

Así, el charlatán padre pudo ver cómo el afectado se levantó y fue hacia ellos presa de eso que en las películas llaman ansia ciega de venganza y no dudó ni un instante en apretar el gatillo para, si al menos no para siempre, al menos callar a Woffard durante el resto de la película.

Claro está, estas cosas no transcurren según lo planeado. Alguien llamó a la policía y a una ambulancia y, al final, ni los Lomax no pudieron seguir la conversación ni Ciacella pudo terminar de ver el film. Por cierto, el señor Lomax está bien (si a alguien le interesa).

Moraleja: las pistolas no arreglan nada. Si quieres silencio en el cine llévate un cuchillo o una jeringuilla con algún tipo de droga tranquilizante, que apenas hacen ruido.

P.S.: Si alguno pensáis que las peliculas violentas provocan este tipo de comportamientos os diremos que la proyectada en la sala era "El curioso caso de Benjamin Button" (la última de Brad Pitt).

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Pub australiano sirve helado con heces

Don Alipio el 28 de October del 2008

Estos son los Whyte, de Sidney (Australia). No parecen una familia feliz. Pero, ¿Qué familia lo sería después de haber pasado lo que ellos pasaron?

Hace unos días fueron al pub del Coogee Bay Hotel dispuestos a disfrutar de un partido de fútbol. Por lo que sabemos se quejaron varias veces a camareros y demás del volumen de la televisión. La cosa no acabó ahí: cuando pidieron un tazón de helado y les dijeron que costaba 19 dólares por cabeza montaron en cólera y amenazaron con buscar un sitio más barato.

Para compensarles por los problemas y a modo de disculpa por el asunto del volumen de la tele se sirvió a la familia un tazón de helado con trocitos de chocolate gratis. Cuando les sirvieron no pudieron evitar fijarse en que los pedazos del dulce presentaban una extraña textura. Pero a caballo regalado...

Fue entonces cuando Jessica (la señora Whyte) llenó la cuchara y se la metió en la boca. Inmediantamente se sintió enferma. "Al momento de poner la cuchara en mi boca sentí el hedor y tuve que escupirlo todo en la servilleta".

Ante el olor no había duda de cuál era el ingrediente secreto del helado. Claro está, la familia ha demandado al establecimiento cuyo gerente estuvo dispuesto a ofrecer 5.000 dólares australianos por "las molestias". Sin embargo, los Whyte exigen en pago a la afrenta 1.000.000 de dólares.

Lo que no sabemos es por qué no han pedido una provisión de cervezas gratis al establecimiento, ya que estaban.

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