Don Alipio el 8 de June del 2009

La reacción si un amigo llama a tu mujer "bruja" depende del lugar y el tiempo: si es a la hora de empezar tu banquete de boda, le das un puñetazo en la boca; si es en un bar a las tres de mañana, puede que le des la razón; si es en Inglaterra durante el siglo XVII le das las gracias y sales corriendo de casa en busca de un curandero. Prueba de ello es la botella cuya radiografía véis a la derecha y que fue encontrada en Greenwich (Reino Unido).
Os contamos: según los archivos de Old Bailey, en 1682 un hombre que sospechaba que su mujer o bien quedaba con sus amigas para bailar desnudas alrededor de una hoguera invocando al diablo o bien usaba la escoba como jet privado, pidió consejo a un boticario de Spitafields que le aconsejó, para asegurarse protección, "meter en una vasija un cuarto de orina de su esposa, varias unas, algo de pelo (o similar) y después poner la mezcla a cocer".
Pues bien: después de encontrar la botella, "escanearla" y ver que, además de un líquido no identificado, había varios objetos; a alguien se le ocurrió que quizá el remedio contra brujas antes citado estaba más extendido por Inglaterra de lo que podía parecer.
Así, además de a una tomografía, el recipiente fue sometido a análisis químico y cromatografía de gases por Richard Cole, del Leicester Royal Infirmary. Los resultados fueron los esperados: la botella contenía orina, clavos, alfileres, un mechón de pelo, una pieza de cuero con forma de corazón, uñas cortadas (y bien cuidadas, lo que podría significar que la "bruja" era de la alta sociedad" y lo algo que los científicos han podido reconocer como "pelusilla del ombligo".
No se sabe quién ni por qué quería protegerse de esa mujer o la razón por la que se le consideraba una bruja. Eso sí: el que realizó el cóctel merece todo nuestro respeto... esperamos que ese antecesor de Van Helsing haya alcanzado la gloria... y la higiene eterna.
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Don Alipio el 27 de March del 2009

Todas y cada una de las parejas de este mundo pasan por una fase en la que apenas hablan, en la que la incomunicación va ganando terreno... y surge una crisis.
Hay muchas soluciones a este problema, pero la que probó Helen Sun, de Conneticut (EE.UU.) podría ser calificada como "un pelín agresiva".
Y es que no se le otra cosa que esperar a que su marido se durmiera para esposarse a él y así asegurarse de que siempre estaría con ella para darle charla.
Claro está, ante tal muestra de amor, el esposo de Helen decidió llamar a la policía por su móvil, lo que molestó mucho a la mujer, que comenzó a golpear, arañar y morder al hombre.
La policía llegó al poco tiempo y se vio obligada a tirar las puertas de la casa y del dormitorio donde estaba la infeliz pareja.
Ahora Helen Sun se enfrenta a cargos de retención ilegal y asalto en tercer grado. Sin duda, una bonita manera de terminar una historia de incomunicación: siendo precisamente incomunicada del mundo libre (si es que alguna vez hubo uno).
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