Don Alipio el 7 de August del 2010

El sueco es un pueblo admirable: sólo hay que pasear por esa tienda de tablas que empieza por "I" y termina por "KEA" para comprender cómo ha llegado tan lejos una nación a base del "hazlo tú mismo y móntatelo como puedas".
Pero no sólo ese lema les funciona a la hora de vender muebles. También les funciona a la hora de solventar problemas sangrientos. Y un chaval de nombre Jonas residente en Sundsvall nos lo demuestra.
Jonas estaba remodelando la cocina de su casa cuando se resbaló de la escalera y fue a caer sobre el afilado radiador, haciéndose unas graves heridas que casi le dejan la pierna hecha rodajas.
El joven de 32 años sacó fuerzas de flaqueza y fue directo al centro de salud más cercano. Pero el ambulatorio estaba cerrado, así que llamó al servicio de salud, cuya operadora le dijo que los hospitales no deberían estar cerrados ese día. Así que Jonas fue hasta el servicio de urgencias más cercano.
Allí se sentó y esperó, esperó, esperó... nadie en absoluto le hacía caso pese a que su herida era bastante seria. Tras una hora de desesperación decidió coger el toro por los cuernos, abrir un armario, sacar aguja e hilo y, en mitad de la sala de espera, coserse la herida él mismo. Con un par... de albóndigas suecas.
Sin embargo los empleados del centro no se dejaron impresionar. Lejos de admitir una neglicencia han optado por denunciar al chaval por haber usado material del hospital sin permiso.
No sabemos cómo acabará la cosa, pero una cosa es segura: Jonas se comprará un bonito kit de costura para la próxima vez que tenga un accidente doméstico.
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Don Alipio el 2 de October del 2009

Si te sientes acomplejado por el tamaño de tu "aparato" debes saber que hay muchas maneras de alargarlo. Pero esta de la que os vamos a hablar no es una de ellas.
Así que no hagáis como un tipo de Mesa, California (EE.UU.) cuyo nombre desconocemos y que decidió ayudarse de pesos y de la fuerza de gravedad para darle unos centímetros más al que consideraba su "minúsculo muñequito".
¿Qué hizo? Pilló por banda varias pesas circulares hasta completar 10 kilos y metió su pene en el agujero de estas. No sabemos cómo, pero la carne quedó atrapada en el agujero de las pesas. No sabemos por qué, pero el tipo en cuestión decidió acudir a un especialista cuando habían pasado tres largos días.
Sin embargo hubo otro problema en el hospital. Aquello era tan difícil de sacar que los médicos, considerando que no tenían instrumental adecuado para cortar el metal, acabaron llamando a los bomberos.
Los tipos de manguera larga tuvieron que tirar de amoladora para cortar las pesas. Incluso tuvieron que ingeniar un sistema de refrigeración para que las chispas provocadas por los cortes no acabaran quemando la ya maltrecha piel de la pilila.
Después de mucha paciencia lograron liberar al pobre hombre. Pero ya era muy tarde: debido a la sangre acumulada durante días, que no circulaba debido a la presión de las pesas, el miembro ha quedado completamente inútil.
Moraleja: confórmate con lo que tienes, por pequeño que sea. Todo intento para mejorar la situación acabará en tragedia si eres tonto.
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Don Alipio el 16 de July del 2009

En uno de esos periódicos de un país no determinado de habla inglesa hemos podido encontrar este recorte en que una nueva clínica busca un nuevo cirujano para incorporar a sus filas. Hasta ahí todo bien... pero uno lee el anuncio y no puede evitar sentir cierto escalofrío. Os traduzco (más mal que bien)
"Buscamos cirujano para nueva clínica que abrirá por la zona. No es necesaria experiencia. Deberá tener su propio instrumental".
Inquietante... ¿qué cirujano no experimentado tiene dispuesto su propio instrumental? No sé... para mí que es una trampa de la policía para cazar a un psicópata que se apode "El cirujano sangriento de Milwaukee" o algo así.
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Don Alipio el 22 de April del 2009

Para que luego digan que hacer jardinería no entraña ningún peligro.
Una mujer (desconocemos su nombre) de 66 años residente en Sidney (Australia) se encontraba cuidando de sus plantas y flores cuando accidentalmente entró un poco de tierra húmeda en su ojo.
Nada importante, pensaron en casa, una leve hinchazón del párpado. Ya se pasaría. Sin embargo esa despreocupación se convirtió en miedo mezclado con asco cuando, pasados unos días, el marido de la señora se fijó en que esta tenía algo aferrado en el ojo: nada más y nada menos que una sanguijuela que se abría paso por la córnea hasta los vasos sanguíneos del globo ocular.
Claro está, les faltó tiempo para presentarse en urgencias del hospital más cercano.
Los médicos no salían de su asombro: la hinchazón antes citada se debía no a la suciedad sino a que el parásito se había metido bajo el párpado. Allí se había hartado de sangre hasta conseguir unos buenos 2 cm de longitud.
El problema estaba en cómo quitar al bicho de ahí. No se podía arrancar y ya está (se hubiera causado una infección), tampoco se podía recurrir a la cirugía (la mujer corría riesgo de sufrir algún percance). Así que a alguien se le ocurrió probar un método casero: echarle sal; pero con ella se corría el riesgo de dañar el ojo. Así se acabó recurriendo una solución salina o suero fisiológico (con sólo un 0`9% de sal, pero sal al fin y al cabo) para desprender la sanguijuela.
El método funcionó: unas cuantas gotas, y la alimaña terminó rodando por la mejilla. Por supuesto, después de semejante éxito, el animal fue entregado a la buena señora. Y es que hace falta tener pruebas para cuando se cuentan esas extraordinarias historias en las cenas familiares.
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Don Alipio el 15 de April del 2009

Artyom Sidorkin, ciudadano de Izhevsk (Rusia) llevaba bastante tiempo quejándose de un dolor en el pecho. Cuando, además, observó que escupía sangre, decidió ir corriendo al médico.
De consulta pasó a quirófano, pues después de unas radiografías, los doctores vieron una gran mancha en los pulmones de Artyom. Había que hacer una biopsia.
La sorpresa llegó cuando, durante el proceso, el cirujano Vladimir Kamashev descubrió una cosa verde entre la masa roja de los órganos de Sidorkin. Era un brote de abeto de unos 5 centímetros de largo.
"Parpadeé tres veces y pensé que me estaba volviendo loco", declaró Kamashev.
Según la teoría de doctores, cirujanos y es posible que alguna enfermera pareja del anestesista, el afectado respiró sin darse cuenta una semilla de abeto que acabó germinando en sus pulmones.
Ya véis: a ver quién le dice ahora al pobre Artyom que se vaya al campo a respirar hondo aire fresco... Por cierto... ¿habrá guardado el brote? Con lo que pueda crecer de aquí a unos meses igual tiene un bonsai para adornar en navidad.
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