Don Alipio el 25 de March del 2011

Esta noticia es muestra de la grandeza de una raza que una vez aterrorizó los mares del norte.
Un ciudadano sueco cuyo nombre desconocemos ha decidido denunciar a una empresa charcutera. ¿La razón? Que en la etiqueta de sus salchichas, que el ciudadano compró en la estación de esquí de Åre, se afirmaba que estaban compuestas de un 104% de carne.
Según el charcutero se trata de una sencilla broma, pero el cliente afirma que aquello es publicidad engañosa aunque el sentido común diga que es aritméticamente imposible eso de que algo esté compuesto por un 104% y más en un tipo de comida que suele llevar más ingredientes que la propia carne.
El charcutero, desesperado, ha contado que si ha puesto eso se debe a que, para elaborar sus salchichas de 100 gramos precisa de 104 gramos de carne, de ahí la broma. Sin embargo, el afectado le ha dicho que eso del "ni pa ti ni pa mí" no le vale y que así tampoco le salen las cuentas (claro está, esto en perfecto sueco y con las traducciones de frases hechas adecuadas) y que no va a retirar su demanda.
No sabemos cómo acabará la cosa, pero algo es seguro: el charcutero se reservará su próxima broma ingeniosa para el discreto público de su fiesta de Midsömmer (o como quiera Odín que se diga eso).
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Don Alipio el 27 de February del 2011
Cuando uno estudia periodismo siempre hay algún profesor (cuando no varios o todos) que afirman que " que no es noticia que un perro muerda a un hombre pero sí que un hombre muerde a un perro". Pues vamos a aplicar eso mismo para enseñar este vídeo en el que unos señores deciden quitarle la manduca al rey de la selva.
Bueno... tanta preparación para nada. Algunos esperábamos un poco más de resistencia por parte de Mufasa y su familia. Pero bueno, son cosas del ciclo de la vida.
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Don Alipio el 6 de January del 2011

En esto de las agresiones es normal que a uno le dejen hecho "picadillo" o en "carne viva", pero no es tan normal que el arma sea un bloque de carne picada.
Chantille J. Rodway de St. John (en algún país de habla inglesa) ha sido acusada de agredir a un hombre, del que no sabemos si es pareja, amigo o allegado, con un paquete que contenía una cantidad sin aclarar de carne picada congelada.
Al parecer Chantille y el agredido comenzaron a discutir en la casa de ella y en lugar de pillar un rodillo, sartén o similar le dio al tipo no sabemos dónde con el paquete (de carne, se entiende; de vaca, se entiende).
Total, que dado lo extraño del caso (como véis no sabemos gran cosa) la agresora ha sido puesta libertad, debido a que el señor juez no ha querido ver en la comida un arma peligrosa. Me imagino de debe ser un firme defensor del valor nutritivo de los filetes rusos.
Sin embargo, queridos lectores, creemos que en todo este caso únicamente hay una víctima: la pobre ternera que no pudo defenderse de ser masacrada, convertida en hilillos y posteriormente ser golpeada contra un tipo desconocido.
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Don Alipio el 20 de January del 2010

La perdición de Julia E. Laack, de Sheboygan (Wisconsin, EE.UU.) ha sido la carne. En varios sentidos.
En primer lugar porque esta mujer, de 36 años y varios hijos a su cargo, pue pillada por una cámara de seguridad de un comercio robando carne seca.
Poco tiempo después la autoridad pertinente se presentaba en casa, dispuesta a aclarar el asunto y llevarse a la mujer al calabozo. Sin embargo, Julia les dio un recibimiento que no esperaban.
A saber: cuando los oficiales, uno de los cuales era una mujer, pidió a Julia que les acompañara, ésta se negó, diciendo que había una razón de peso por la que no podían llevársela de casa. Esa razón, decía Julia, era que estaba desnuda.
Los policías no daban crédito: bien es verdad que, para ciertas amas de casa, una bata, una camiseta vieja y unas zapatillas son como una segunda piel, pero de ahí a ir desnuda...
Fue entonces cuando la mujer, en un extraño acto de resistencia a la autoridad, se empezó a quitar capas de ropa y hasta la lencería (y todo esto ante los atónitos ojos de sus hijos).
Claro, uno de los agentes estaba casado y el otro era una mujer heterosexual, y el embrujo de los encantos de Julia no surtió efecto (cosa difícil de creer a juzgar por la fotografía adjunta). Viendo la detenida que eso no le aseguraba ser libre y que las esposas que le ponían eran de verdad y no parte de un "jueguecito", pasó a acciones más directas: le dio una patada en la ingle al oficial y escupió a la boca de la policía del género femenino, que intentaba ponerle la ropa a Julia.
Consiguieron finalmente meterla en el coche. Pero la combativa Julia se las arregló para quitarse de nuevo la ropa interior y enseñar sus nalgas a los vecinos mientras el coche patrulla se dirigía a la comisaría donde, tras un soplido en una máquina conocida de todos, se demostró que la triste mujer estaba más que alegre. No sé si me explico.
Si es que ya se sabe: el alcohol no se lleva bien con la carne y la ropa. He sido testigo de eso en varias fiestas.
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Don Alipio el 25 de September del 2009

La peligrosa presunta madre conocía varias maneras de usar el arma
Todos sabemos qué es capaz de hacer una madre cuando se le ha tocado las narices a la hora de la comida. Sin embargo Chavonna Gough, de Sacramento (California, EE.UU.) traspasó la delgada línea que hay entre la riña materna y la despiada agresión.
Situémonos: la supuesta amantísima madre prepara su especialidad, chuletas de cerdo. En su prisa cocinera ignora algo que después sería fatal. Que el número de chuletas era impar.
Así con sus dos churumbeles, uno de 19 años y otro 16, no tarda en ocurrir lo peor: queda una chuleta solitaria en la bandeja y ninguno de los dos hermanos está dispuesto a ceder. Se empiezan a pelear como tiburones por una foca, a esto le siguen gritos... y la madre, cual bomba de relojería, explota.
Pero no lo hace de la manera usual. En lugar de comerse ella misma la chuleta u ofrecérsela al perro en solución salomónica sus cables maternales se cruzan y hace lo impensable: agredir a su descendencia con la pieza codiciada.
De esa manera el mayor recibió varios chuletazos en la cabeza. Quizá no debieron dolerle lo suficiente porque Chavonna acabó dándole un puñetazo en la cara. No contenta con eso agarró un cuchillo y sacó a los niños de casa amenazándoles con él.
No sabemos qué ocurrió después. Quizá un vecino alarmado llamó a la policía. El caso es que la madre ha perdido a sus hijos, que ahora están bajo custodia.
Si es que ya lo decía mi padre: "Las cenas familiares siempre acaban en tragedia. Todas, no sólo las de los sicilianos".
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