Don Alipio el 29 de January del 2009

Se decía que los tahúres del Oeste debían tener los dedos largos para poder sobrevivir ya fuera repartiendo cartas para poder comer o para apretar el gatillo a tiempo antes de que algún otro jugador les fulminara de un disparo.
Esa vieja (y extraña) máxima (o teoría) podría ser de nuevo aplicada a los tahúres del siglo XXI, es decir, los ejecutivos de cuentas y comerciales (con perdón de los que nos estén leyendo). Y es que científicos de la Universidad de Cambridge creen haber descubierto la relación entre la longitud de los dedos y el triunfo empresarial.
Así, después de haber visto muchas manos de estos profesionales han descubierto que aquellos que más éxito eran los que tenían el dedo anular más largo que el dedo índice. Estos cobraban hasta seis veces más que sus compañeros con dedos cortos.
Pero ¿a qué puede deberse? Según los especialistas el largo del dedo es consecuencia de una mayor cantidad de testosterona en el feto. Ese exceso de hormona podría haber provocado en el posterior adulto un comportamiento más decidido y agresivo, es decir, con más probabilidades de triunfar en el mundo de los negocios (al menos en Inglaterra).
Ahora bien... supongo que a estas alturas todos habréis mirado vuestros dedos y muchos os haréis la misma pregunta "¿qué pasa con los que tenemos el índice y el anular de la misma longitud?".
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Don Alipio el 2 de December del 2008

Ya sabéis lo que dicen: mientras la universidad de Oxford dio al mundo sabios y literatos de la talla de J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis, la de Cambridge sólo trajo espías y vándalos.
A estos últimos pertenecen los que perpetraron la broma que estáis viendo más arriba. Nada menos que poner un gorrito de navidad a la aguja de la "Puerta de la Humildad", por donde los estudiantes deben pasar para llegar al college .
Por supuesto, los académicos no le vieron la gracia al asunto de mancillar la puerta y decidieron llamar a los bomberos para quitar el tocado navideño.
El problema estaba en que la aguja es prácticamente imposible de escalar. Así que hubo que llamar a un total de tres coches de bomberos y hacer uso de una plataforma hidraúlica para bajar la prenda. Por supuesto, el acontecimiento llamó a una multitud de estudiantes de la antes citada universidad que rodearon la puerta y se carcajearon de los intentos de los bomberos para sacar de ahí el gorrito. Hizo falta más de una hora para hacerlo (no sabemos si debido al díficil acceso a la aguja o a la vergüenza y los nervios provocados por las risas de una masa de estudiantes).
A fecha de hoy sigue sin saberse quiénes fueron los que colocaron ahí el tocado. Pero, a juzgar por la dificultad para quitarlo, los que hayan sido más que un castigo bien merecen una matrícula de honor.
Por supuesto, estas cosas no pasan en Oxford. Allí son más tranquilos y respetuosos de la tradición, un cúmulo de virtudes, un templo de sabiduría. Que me lo digan a mí, que estuve en la Tuna de Derecho de Oxford. ¡Que tiempos aquellos cantando "little carnations" (clavelitos) rondando a las students!
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