No puedo creer

Hombre se cuela en bar abandonado… para abrirlo

Don Alipio el 27 de July del 2010

Sí, amigos y amigas, el bar se llama Valencia

Sí, amigos y amigas, el bar se llama Valencia

Cuando tu bar favorito cierra sientes una mezcla de decepción, tristeza y sobriedad. Te falta un referente, es como si arrancaran de tu eje de coordenadas el punto 0,0,0 (o algo así), algo parecido a lo que debe sentir un ángel cuando cae desde el paraiso al infierno yermo, sin vida y sin nada que llevarse a los labios.

Travis Kevie, de 29 años y natural de Penryn, California (EE.UU.) debió sentirse así cuando hace un año cerró su establecimiento predilecto, el Valencia (sí, habéis leído bien). Sin embargo, tras su desesperación incial agarró el toro por los cuernos.

Travis forzó la cerradura del local, lo adecentó un poco, le dio la vuelta al cartel de "cerrado" y se puso a servir bebidas al personal como si el Valencia nunca hubiese cerrado sus benditas puertas.

Todo iba bien hasta que el periódico local anunció que el bar había reabierto sus puertas. Las autoridades, que no tenían conocimiento de una revonación (o renovación) de la licencia, acudieron raudos al lugar. No les importó que Travis volviese a sonreír, no les importó que los demás clientes celebraran con sus copas en alto que el paraíso volviera a estar a un paso, sus corazones de piedra no se ablandaron ante el renacimiento de la felicidad.

Cruelmente cerraron el bar. No sólo eso: también han acusado a Travis de allanamiento y de venta de bebidas sin licencia.

Esperemos que no les dé por comprobar si las bebidas servidas eran la que el bar almacenaba durante un año o si Travis había comprado otras frescas para servir. Porque mucho nos tememos que el pobre Kevie podría también a enfrentarse a un delito contra la sanidad pública.

Pero, ¿qué hubiese importado? Más vale estar intoxicado y feliz, que sobrio y amargado, que diría uno de mis tíos.

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Llaman a su gato para ser jurado

Don Alipio el 11 de January del 2010

gato

Bien es verdad que hay que desconfiar del género humano y que, en muchas cosas, nos animales nos aventajan. Pero esto ya es pasarse.

La familia Esposito, de Boston (EE.UU.) recibió una citación para que "Sal Esposito" compareciera como jurado en un proceso judicial. Ahora bien, el problema es que Sal es el gato.

Sí, al parecer Guy, el dueño de Sal, inscribió al minino como miembro de la familia en el censo (por lo visto en EE.UU. hay que marcar en el censo hasta las mascotas que se tienen). Sin embargo, en el impreso que rellenó Guy sólo figuraban como "mascotables" (y perdón por el "palabro") los canes. Con su par... de bolis... el buen hombre tachó la palabra "perro" del impreso y puso "gato".

Ahí es, por lo visto, donde la administración cometió un error: al pasar los datos no supo cómo resolver esa "corrección" y colocó a Sal como un miembro humano del hogar.

Por supuesto, Guy y su pareja, Anna, han recurrido. Pero los encargados de gestionar el jurado se han mostrado inflexibles. No se creen lo que han pasado y reiteran que Sal debe presentarse como jurado el 23 de marzo.

Anna ya ha declarado que, si las cosas no se aclaran, pues nada... habrá que presentarse en el juzgado con el felino.

Y puedo que sea el único racional del jurado...

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