Amy el 8 de April del 2008
Los camiones de bomberos, se mire como se mire, no son útiles para la ciudad. El que los diseñó no pensó en las calles estrechas, las curvas difíciles y las múltiples obras que hay cada dos por tres en las ciudades.
Para apagar el fuego, los bomberos tienen que apartar obstáculos de su camino, buscar rutas alternativas o calles más amplias para poder pasar con el camión. En definitiva, una pérdida de tiempo.
Menos mal que siempre hay alguien inteligente que busca alternativas y les hace el trabajo más fácil:

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Amy el 5 de March del 2008

Hay gente muy borde o que odia profundamente a los ciclistas. Son las dos únicas posibilidades que he encontrado que puedan explicar un carril bici así.
Desde luego, yo no pasaría por ahí con la bicicleta... y a lo mejor andando tampoco, pero gente con valor hay en todas partes, quién sabe.
Realmente, no creo que sea real. Supongo que será un montaje, pero aún así, no está mal pensado para aprovechar el espacio de la ciudad, y como en las ciudades tiene que haber de todo, puede ser una opción para los que le gusten las emociones fuertes.
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ElCanalla el 4 de November del 2007
Más allá de uno de los grandes axiomas sexuales masculinos: "Cuando ella dice 'no', en realidad te pide que no pares".
Más allá de la compleja interpretación que los zoófilos establecen de los ladridos y berridos de sus mascotas durante el acto.
Robert Stewart ha ido mucho más allá... La extrema sensibilidad de este controvertido caballerete británico le permite saber como nadie cómo y cuándo satisfacer las necesidades sexuales de... ¡¡¡las bicicletas!!!
Acostumbrado a ser un gran incomprendido, Stewart eludió dar explicaciones cuando fue sorprendido montando una bicicleta en el sentido más amplio del término. La escena tuvo lugar en una acogedora habitación del hostal Aberley House, en el no menos acogedor sureste de Escocia, en octubre del año pasado, según ha publicado la web del diario The Daily Telegraph. Dos empleadas de la limpieza fueron las testigos de excepción de tan inédito apareamiento cuando, tras no recibir respuesta al llamar repetidamente a la puerta de la habitación, entraron en la estancia utilizando una llave maestra.
Y allí estaba Stewart, desnudo de cinturo para abajo, dando rienda suelta a su pasión. Y allí estaba también su insospechada compañera de juegos de alcoba. Serena, incluso pasiva. Ni un sutil tintineo de timbre, ni una derrapada de pasión brotaron de su esbelto cuadro, de su estilizado manillar, de sus imponentes ruedas, cuando las camareras entraron en la habitación. La famosa flema británica, dirán muchos.
Según revelaron las testigos a la policía, el controvertido huésped sostenía a su amada bicicleta y movía las caderas hacia delante y hacia atrás, hacia delante y hacia atrás...
Mister stewart ha tenido que afrontar la fría intervención de la justicia. Y se ha declarado culpable del cargo de alteración del orden público, pasando a engrosar la ignominiosa lista del registro de agresores sexuales. La sentencia del caso se conocerá en pocas semanas.
Mientras, Stewart aguarda paciente la llegada del fallo judicial. Quizás excitado mientras contempla la hermosa sucesión de picaronas bicicletas que desfilan desnudas en las tórridas etapas del Tour que jamás se olvida de grabar cada mes de julio. O conteniendo sus impulsos cuando pasea rodeado de espectaculares sillines y tubulares en la tienda de deportes del centro comercial cercano a su casa. O fantaseando con tunear la bici de los hijos de sus vecinos mientras las roza (¡aish!) cuando se cruza con ellos por la escalera. O, seguro, recordando aquella apasionada velada en una acogedora habitación del hostal Aberley House, en el no menos acogedor sureste de Escocia.
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