Don Alipio el 9 de June del 2011

Reconstrucción de los hechos basada en la imaginación del redactor
¿Hay algo peor que tener 81 años y ser tu propio empleado? Pues sí, que te metan un tiro.
Eso fue lo que le pasó al pobre Zacarías Pacheco de Moraes, dueño y camarero de un bar de Brasil, que estaba tan tranquilo en su tasca rodeado de las versiones brasileñas de las patatas bravas, los montaditos y el bienmesabe cuando entró un pérfido atracador de esos que no tienen ni palabra, ni elegancia, ni vergüenza.
El malhechor no dudó a la hora de meterle un tiro al pobre Zacarías en la cabeza. Pero he aquí que la bala rebotó en la dentadura postiza de la víctima. El proyectil no llegó al cerebro, pero sí a la garganta. Así que el anciano, pese a que pudo salir vivo del trance ahora mismo está grave. Esperemos que pronto se recupere y, ya de paso, deseamos que se retire pronto y pueda tener una buena jubilación rodeado de muchachas brasileñas que le alegren los días, que se lo ha merecido.
Por cierto, si alguien sabe quién es su dentista que me lo diga, que en el futuro necesitaré dientes capaces de parar las balas de los sicarios de mis acreedores.
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Don Alipio el 30 de October del 2010
¿Quieres tallar una calabaza para Halloween y te da miedo andar tallándola con cuchillos? Este buen hombre te ofrece una solución alternativa y muy, muy eficaz.
Anda que no queda bien. Eso sí, hay que tener un pulso...
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Don Alipio el 29 de July del 2010

Lonnie Irvin Pinnix, el hombre de la bala de celulosa
Lonnie Irvin Pinnix, de 38 años y natural de Carolina del Norte (EE.UU.) esperaba que su mujer volviera a casa. Furioso decidió no irse a la cama hasta que ella se personase.
Finalmente su mujer, Darlene, llegó practicamente a medianoche. No sabemos si se había ido de fiesta o había salido tarde de su trabajo. El caso es que a Lonnie le sentó bastante mal el retraso.
Darlene, que no estaba por la labor de aguantar una discusión, ignoró los gritos de su marido y se echó en la cama, dispuesta a descansar.
Unos segundos después la pobre Darlene escuchó un disparo y sintió una quemazón en la espalda. Su marido le había disparado.
Sin embargo ella seguía viva. ¿Qué había ocurrido? Sencillamente que Lonnie no había cargado la pistola con balas sino con papel higiénico.
Por lo visto la intención era descargarse pero no hasta tal punto que pudiera hacer "demasiado daño" a Darlene (todos sabemos que las balas de verdad sólo hieren un poco más). El caso es que la mujer tuvo que ser hospitalizada con quemaduras en las espalda. Ahora Lonnie está pendiente de juicio.
Esperamos que todo vaya bien en el juzgado y que el abogado defensor de Lonnie no use las pistas para limpiarse el trasero. Ya me entendéis...
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Don Alipio el 10 de November del 2009

Andrew J. Burwitz, ciudadano de 20 años residente en Appleton, Wisconsin (EE.UU.) estaba cabreado con el mundo. Su novia le había dejado sin razón aparente. Así que se fue al bar en su coche (en el que, para variar, llevaba un arma). En el local empezó a beber compulsivamente y decidió que se iba a vengar no sólo de la pobre muchacha, sino también de su familia y de algún vecino, cualquiera.
Así, abandonó el bar borracho, se subió al coche, fue directo al hogar de su ex, sacó el arma de la guantera, apuntó a la casa, apretó el gatillo...
... y un ruido de disparos y cristales rotos despertó a la familia. Se encontraron un par de impactos de bala en la fachada y se oyó marchar un coche. Afortunadamente nadie había sido herido pero... ¿por qué oyeron cristales rotos si ninguna bala había hecho blanco en las ventanas?
La policía, al buscar rastros por la zona, encontró restos de cristal de la ventanilla de un coche. Rastreando, como se puede ver en CSI (suponemos), dieron con un taller de reparación donde recientemente un tal Burwitz había llevado a reparar uno de los cristales de su auto.
¿Qué había pasado? Algo que puede calificarse de "epic fail". Andrew, ocupado en odiar a su novia, en vengarse del mundo, en descargar toda su ira y en apretar el gatillo no reparó en que no había bajado la ventanilla de su coche antes de disparar. Así de simple: los primeros tiros disparados habían destrozado el cristal equivocado.
Andrew J. Burwitz ha sido acusado de cuatro cargos por amenaza en primer grado, de cuatro cargos por poner en peligro la seguridad de sus vecinos por el uso imprudente de un arma de fuego, desórdenes públicos y daños criminales a la propiedad.
Nosotros también le acusaríamos de estupidez crónica.
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Don Alipio el 20 de May del 2009

(Modo abuelo cebolleta on) Recuerdo una vez, estando en el grupo de teatro, cuando el profesor hizo con nosotros pruebas de maquillaje con látex: a uno de los chicos le hizo una herida bastante real y a la vez bastante fea. El chaval no se la quitó al llegar a casa, su madre vió el "destrozo" y cayó desmayada (Modo abuelo cebolleta off)
Me gustaría saber qué dijo la madre del chaval que véis en la fotografía cuando su "nene" apareció con cinco sangrantes heridas de bala en el pecho. Una de dos: o pensaba que era un fantasma o le dieron ganas de hacérselos ella misma con la escopeta del abuelo por haberse gastado los ahorros en tan bonitos motivos.
Aunque bien pensado seguro que ahora le llueven ofertas de series de televisión de bajo presupuestos y pocos medios sobre forenses o policías científicos.
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