Don Alipio el 18 de May del 2009

John Szwalla, de Carolina del Norte (EE.UU.) es un adolescente al que le gusta vivir al límite: la reglas no se han hecho para él, piensa que el mundo es un lugar duro donde, o golpeas primero o te golpean a ti, un sitio en el que hay que convertirse en un depredador, en un ave de rapiña para sobrevivir. Por eso, para demostrarle al sistema, a esta maldita sociedad, que él es uno de esos amorales ganadores, decidió atracar una cafetería.
Lamentablemente no pudo disponer de un arma a tiempo. Pero astuto e inteligente donde los haya, Szwalla tuvo una idea: pillaría un plátano y simularía, como en las películas, que llevaba un arma escondida debajo de la camiseta.
Así que se acercó al local, se acercó a la caja y exigió el dinero. "Todo va a salir sobre ruedas" pensaba.
Sin embargo, no contaba con que el dueño del bar y algunos clientes fuesen valientes y aguerridas personas a las que poco les importaba que un adolescente con delirios de grandeza "tarantiniana" les fuera a disparar. Se abalanzaron sobre él... y descubrieron la mortal banana.
Aun así, el excepcional cerebro de John ideó un plan: si no había prueba incriminatoria, no podían llevarle al calabozo. Fue entonces cuando su genio decidió que era hora de destruir el plátano. ¿Cómo? pues eso... comiéndoselo, eso sí, pelándolo previamente (no fuera a causarle una indigestión).
Pese a los esfuerzos de sus captores, no pudieron impedir que el adolescente acabara merendando. Eso sí, cuando la policía finalmente llegó sacó las debidas fotos a la cáscara del plátano y ahora Szwalla se enfrenta a cargos por intento de robo. ¡Malditos polizontes!
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Don Alipio el 29 de April del 2009

Como bien diría mi abuela "esto es ir a f*llar y salir j*dido".
Vayamos a Kaluga (Rusia). Allí un tal Viktor, atracador de 32 años, se preparaba para dar un golpe rápido. Entró en una peluquería y, a punta de pistola, exigió a una de las chicas que trabajaban allí que le entregase la recaudación si no quería acabar con una "sobredosis de plomo".
Aterrada, Olga (una de las trabajadoras, de 28 años), abre la caja, extrae el dinero y se lo tiende a Viktor. Pero algo pasa: la chica no está ni mucho menos aterrorizada, lo está simulando. Con un súbito movimiento aprendido en su clase de artes marciales derriba al ladrón, le hace una llave, le inmoviliza, le ata las manos y se lo lleva a un cuarto en la trastienda.
Al cabo de un momento, la chica sale de la habitación diciendo al resto de las trabajadoras y a las clientas que no hay nada de lo que preocuparse. La policía llegará en cualquier momento y se llevará al ladrón. Sin embargo pasa el tiempo, llega la hora de cierre, la peluquería se queda desierta y la policía no llega.
Ni iba a llegar, porque Olga no había llamado a nadie. No era despistada, no. Era un monstruo lujurioso sediento de sexo... que tenía a su presa maniatada.
Sí. Sin nadie en el local, ella mostró su verdadero ser: desató al ladrón y le gritó "quítate los calzoncillos". Él, intimidado, recordando la llave que le hizo antes, accedió. Ella, después de dejarle "al descubierto", le puso unas esposas.
Acto seguido la peluquera le amenazó con llamar a la policía y contarle lo del robo si no accedía a hacer realidad sus obscenos deseos. Procedió a hacerle tragar Viagra y se divirtió con él las siguientes 48 horas. De los detalles de esa terrorífica orgía sólo fueron testigos tintes, acondicionadores y champús.
Cuando finalmente fue liberado, Viktor acudió raudo a la policía para contar que había sido "violado". Sorprendidos, los agentes se personaron ante Olga. Ella declaró que sí, que lo habían hecho varias veces en dos días, pero que él había ido antes a robar pistola en mano. Así que todo estaba en paz.
Ante tal declaración, uno de los policías ha declarado que la única solución que ve es meter a los dos entre rejas: a él por asalto, y a ella por violación.
De todas maneras, esto da que pensar: si Olga tenía a mano unas esposas y un frasco de Viagra en una peluquería para señoras es que antes o después pensaba abusar de alguien. Quizá podría haber sido alguno de nosotros de viaje en Rusia. Así que la próxima vez, chicos, tened cuidado si vais por a alguna peluquería de la antigua URSS. Podéis acabar con vuestra pistola muy mal.
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