Don Alipio el 13 de January del 2011

Hay que ser muy mala persona para apuntar con una pistola a una embarazada, pero todavía se puede ser peor y obligar a la mujer a robar un banco.
Eso fue lo que pasó en Missouri, EE.UU.: la afectada, encinta de 8 meses, había llegado al aparcamiento con su otro hijo de cuatro años cuando el sujeto del retrato que está a la derecha sacó su arma. Lejos de pedir el dinero o todo lo que llevara, el sujeto agarró al infante y le dijo a su madre que hiciera el favor de atracar el banco si no quería que su hijo acabara con los sesos desparramados por el parking.
Por supuesto, la embarazada accedió. Como pudo fue al banco, se acercó a la ventanilla y exigió a la cajera una cantidad de pasta que no ha trascendido. Acto seguido abandonó el lugar y subió a la camioneta del ladrón, que dejó a madre e hijo a unos kilómetros de allí.
Ahora la policía busca al bandido. Claro está, no se sabe qué planes tiene la pasma, pero, teniendo en cuenta lo bien que salió el plan, seguramente esté vigilando todos los bancos cercanos a maternidades situadas al lado de jardines de infancia.
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Don Alipio el 26 de November del 2010

Salvatore LaRosa, de Nueva York (EE.UU.), decidió dar un golpe con un compañero. Sabían perfectamente cuando los dueños de la Pizzería Brothers de Staten Island abandonaban el local con la recaudación del día. Iba a ser un atraco fácil, pero sustancioso... como pescar en un acuario.
Dicho y hecho, vieron a los dueños, se pusieron unas máscaras, sacaron sus armas y a punta de pistola exigieron la bolsa que los empresarios llevaban.
Salvatore y su colega huyeron. Ya en lugar seguro decidieron contar el dinero que se habían llevado, abrieron la bolsa...
... y se encontraron con que dentro de la bolsa había mucha pasta, sí... pero de esa con la que se hacen las pizzas. Quizá hubiesen podido sacar ventaja de la situación vendiendo la masa como algún tipo de droga, pero no pudieron idear un plan B. La policía llegó al lugar seguro y se los llevó al calabozo.
Después del juicio LaRosa ha sido liberado bajo fianza. No sabemos qué hará para celebrar su libertad, pero seguramente no invitará a su abogado a pizza.
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Don Alipio el 20 de November del 2010

Jacqueline Cutright, de 70 años y natural de Ohio (EE.UU.) se levantó de madrugada con ganas de ir al baño. Se acomodó en la taza cuando, de repente, alguien irrumpió en su cuarto de baño.
Se trataba de un tipo que llevaba una máscara de payaso y que agitaba un cuchillo. Como os podéis imaginar su intención no era otra que la de robar en la casa. Jacqueline, sin embargo, no perdió los nervios. No sabemos si es porque es una mujer dura o porque la situación le parecía demasiado absurda como para ser real.
El tipo le dijo que quería todas sus drogas y todo su dinero. Cutright, sin perder su sentido del humor le dijo que se había equivocado de casa y que lo único que podría encontrar ahí eran sus medicamentos para la tensión, 28 dólares (poco más de 20 Euros) y algunas joyas entre ellas un brazalete que sus hijos le regalaron y en el que ponía "una madre tiene las manos de sus hijos por un tiempo, pero sus corazones los tiene para siempre", una joya de un incalculable valor sentimental.
Finalmente el ladrón resultó no ser tan mal tipo. Respetó el brazalete, pero se las ingenió para encontrar otras joyas (valoradas en 1.000 dólares, unos 748 Euros) y llevarse el Ford Escort de la pobre señora.
Finalmente el ladrón fue pillado en su huida por la policía. Fue identificado como Cory Buckley y acabó confesando su crimen mientras lloraba y lloraba. Aquí tenéis un vídeo en el que la señora atacada nos cuenta la historia.
La señora declaró que su intención era haber hecho gala de su poderío ninja con alguna patada voladora pero, dado que estaba en el baño, no le pareció lo más oportuno.
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Don Alipio el 22 de October del 2010

La pareja formada por Noemi Duchene y Luis Del Castillo, de North Mesa, Texas (EE.UU.), iba a dar un gran golpe: se habían fijado en la joyería regentada por Linda Bradely y nada les detendría, ni siquiera la dolencia que hace que Noemi tenga que usar una silla de ruedas la mayor parte del tiempo.
Así pues la pareja se dirigió al establecimiento: ella iba sentada en su silla y él empujaba. Se detuvieron en el aparcamiento frente a la joyería... y aquí es donde empieza lo extraño.
Noemi se levantó de la silla de ruedas, agarró un cuchillo, se puso una bolsa de basura (de las negras, por cierto) en la cabeza y entró en la tienda pidiendo que se le diera todo.
Bradely, viendo lo ridículo de la situación y suponiendo que Duchene no llegaría muy lejos debido a sus movimientos y a su bolsa en la cabeza, se resistió. Noemi, al ver que su plan no daba resultado, intentó salir corriendo, pero un cliente pudo detenerla... y todo mientras Luis permanecía con la silla de ruedas fuera.
Aquí tenéis un vídeo que muestra lo ocurrido.
Por una vez no importó que la justicia fuera lenta.
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Don Alipio el 4 de August del 2010

Muchas veces la indignación nos puede. La mayoría de esas veces es el trabajo y el oficio de ladrón no está exento de momentos así.
Vayamos a Atlanta (EE.UU.). Allí un buen día apareció un tipo que decidió atracar una hamburguesería por la ventana esa de atender a los coches. Llevaba pasamontañas y, a punta de pistola, exigió que le dieran la recaudación.
Como prudente gente que sabe que no merece la pena morir por un trabajo explotador, las personas que atendían la ventana le dieron todo lo que había que, por cierto, no era mucho.
La vida seguía su curso: el susto se pasaba, la denuncia se echaba, los pajaritos cantaban y las nubes se levantaban... hasta que pasadas unas horas sonaba el teléfono en la hamburguesería.
El tipo al otro lado de la línea llamaba para quejarse; pero de que en su hamburguesa hubiese un dedo o de que sus patatas deluxe tuvieran salsa de ajo en vez de barbacoa, no. El tipo decía ser el ladrón que había pasado antes por ahí y llamaba para quejarse de la cantidad robada.
En efecto, el ladrón se sentía indignado porque la cantidad que había robado no se ajustaba a sus expectativas. Se sentía estafado y llegó a declarar que, para la próxima vez que se pasara por ahí a robar, quería más de 586 dólares.
Lo más curioso del asunto es que volvió a llamar de nuevo para insistir en su queja.
No sabemos nada más del asunto. Quizá mañana se pase por el local para pedir una hoja de reclamaciones. O ponga una demanda a la hamburguesería, que todo es posible.
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