Don Alipio el 30 de November del 2010

Es importante que uno en el trabajo se sienta como en casa, incluso aunque su trabajo consista en entrar sin permiso en la casa de otros.
Así hizo un ladrón de Jacksonville, Florida (EE.UU.). Entró en una casa de una manera tan sencilla como activando la puerta del garaje, acto seguido procedió a darse una vuelta por la casa.
Pero al parecer no era su intención llegar y empezar a llenar su saca, no. El tipo, consciente de que el dueño estaba de viaje aprovechó para ir a la cocina y hornearse unos brownies, también se exprimió un poquito de zumo de naranja para bajar el bizcocho.
Pero no sólo eso: también aprovechó para usar la conexión a Internet del hogar y bajarse unas cuantas pelis guarronas. No queremos saber qué hizo mientras le daba al ratón: el caso es que acabó tan agotado que decidió echarse una siesta en la cama de la casa.
A esas alturas a uno de los vecinos le pareció raro que hubiese movimiento en la casa de al lado. Como no se fiaba de que el legítimo propietario hubiese vuelto tan pronto se acercó a ver qué pasaba en el domicilio. Sin embargo el ladrón ya se había despertado. Al verse sorpendido no pudo llevar a cabo el trabajo para el que había ido, así que lo único que pudo llevarse fue una pistola, que usó para apuntar al vecino e impedir que le siguiera.
Que esto os sirva de lección: está bien trabajar tranquilo... pero tampoco hay que pasarse.
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Don Alipio el 3 de November del 2010

Ojo, esta no es la foto del individuo, sólo una aproximación
Con eso de que el ladrón "iba en pañales" no nos referimos a que fuera un inexperto o un novato en las lides de su ilícito cometido. Nos referimos a que realmente iba ataviado con uno de esos calzones de celulosa que usan los niños para "no manchar", pero lo a grande.
Todo ocurrió en Ocean City, Maryland (EE.UU.). Allí José David Divanna salió a la calle para celebrar la noche de Halloween disfrazado de bebé. A sus 47 años debía ser una estampa curiosa: un hombre hecho y derecho que va como Dios le trajo al mundo a excepción de un pañalón enorme. Además de eso iba completamente borracho (ignoramos si lo hacía para dar autenticidad a sus andares torpes de niño pequeño).
El caso es que José se paseaba por el vecindario haciendo eso del "truco o trato" como cualquier niño del lugar. Claro está, dado su disfraz, su edad y su estado no consiguió ningún dulce. Tan mal le sentó no obtener ni un triste regaliz que empezó a increpar a los vecinos e incluso llegó a asaltar a los vecinos.
La rabieta, sin embargo, no duró mucho. Unos minutos después llegaba la policía y se llevaba al tipo a comisaría. Quizá allí le habrán calmado a base de biberones...
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Don Alipio el 27 de July del 2010

Sí, amigos y amigas, el bar se llama Valencia
Cuando tu bar favorito cierra sientes una mezcla de decepción, tristeza y sobriedad. Te falta un referente, es como si arrancaran de tu eje de coordenadas el punto 0,0,0 (o algo así), algo parecido a lo que debe sentir un ángel cuando cae desde el paraiso al infierno yermo, sin vida y sin nada que llevarse a los labios.
Travis Kevie, de 29 años y natural de Penryn, California (EE.UU.) debió sentirse así cuando hace un año cerró su establecimiento predilecto, el Valencia (sí, habéis leído bien). Sin embargo, tras su desesperación incial agarró el toro por los cuernos.
Travis forzó la cerradura del local, lo adecentó un poco, le dio la vuelta al cartel de "cerrado" y se puso a servir bebidas al personal como si el Valencia nunca hubiese cerrado sus benditas puertas.
Todo iba bien hasta que el periódico local anunció que el bar había reabierto sus puertas. Las autoridades, que no tenían conocimiento de una revonación (o renovación) de la licencia, acudieron raudos al lugar. No les importó que Travis volviese a sonreír, no les importó que los demás clientes celebraran con sus copas en alto que el paraíso volviera a estar a un paso, sus corazones de piedra no se ablandaron ante el renacimiento de la felicidad.
Cruelmente cerraron el bar. No sólo eso: también han acusado a Travis de allanamiento y de venta de bebidas sin licencia.
Esperemos que no les dé por comprobar si las bebidas servidas eran la que el bar almacenaba durante un año o si Travis había comprado otras frescas para servir. Porque mucho nos tememos que el pobre Kevie podría también a enfrentarse a un delito contra la sanidad pública.
Pero, ¿qué hubiese importado? Más vale estar intoxicado y feliz, que sobrio y amargado, que diría uno de mis tíos.
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Don Alipio el 2 de May del 2010

Penny Williams estaba tan tranquila a eso de las seis de la tarde, sentada en la parte de atrás de su casa de Elizabethton, Tennessee (EE.UU.) cuando oyó que la puerta delantera se abría y alguien entraba en casa. Extrañada, fue a mirar quién había llegado.
Su sorpresa fue mayúscula cuando vio a un tipo desconocido, un intruso, que estaba leyendo la Biblia de Williams mientras sostenía una maceta.
Desconcertada y a la vez aterrada (no se le escapaba que el tipo era un loco) procedió a echar al tipo de su casa. No lo consiguió, pero volvió a la parte trasera de su casa, desde donde podía llamar a la policía y ver qué estaba haciendo el intruso.
El loco estuvo "trasteando" un poco por la casa y, finalmente, salió. Según cuenta Williams, el "buen" señor comenzó a sacar las plantas del jardín de sus macetas e intentó plantarlas en el suelo.
Cuando llegó la policía se encontró a Michael Gordon Vest, que así se llamaba el loco, continuando con sus labores botánicas. Los policías amablemente le pidieron que les acompañara, a lo que no se negó. Cuando la sueña de la casa salió de casa para ver cómo se llevaban al intruso observó algo extraño en este: llevaba unas gafas y unas botas que pertenecían a Penny.
Penny, por fin podía respirar tranquila mientras veía alejarse el coche patrulla... pero, de vuelta a casa, observó aterrorizada una cosa: Michael había dejado unas afiladas tijeras junto a la puerta. Y no solamente eso: la Biblia tenía, de manera blasfema, la portada arrancada.
¿Se trataba entonces de un loco que quería ver a Dios entre las flores?, ¿de un demonio estresado que necesita unas vacaciones?, ¿de un ángel caído atontado por el golpe después de caer en plancha desde tantos kilómetros de altura? No lo sabemos, pero sí podemos aventurar lo que pensó Penny: que a partir de ese mismo momento cerraría la puerta principal de su casa con llave... como hacen todos los vecinos, ¡hombre ya!
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Don Alipio el 22 de March del 2010

El señor Fontana mostrándonos su bate
Frank Fontana dormía plácidamente en su hogar de Pennsylvania (EE.UU.) cuando notó que alguien, lentamente se metía en la cama con él.
Fontana supuso que aquel cálido cuerpo que se acostaba junto a él era el de su novia. Él llamó a su compañera dulcemente, por su nombre. "No, no es ella" respondió una grave voz masculina.
Fontana comprendió rápidamente que algo no iba bien. Saltó del lecho, agarró un bate de béisbol y comprobó que al otro lado del tálamo había un hombre de piel oscura que no se parecía en absoluto a su novia.
Nervioso le pregunto "¿quién eres?, ¿qué haces aquí?". El desorientado intruso sólo pudo contestar "No me pegues, no me pegues". Frank aprovechó la cobardía del individuo para llamar a la policía.
Cuando los agentes se personaron en el lugar encontraron las puertas de la casa forzadas. Se llevaron al intruso, que respondía al nombre de Michael Karanja Kamau y que apestaba a alcohol y tenía los ojos inyectados en sangre. Al parecer se encontraba tan cansado después de una noche de juerga que entró en la primera casa que encontró a descansar. Aquí os dejamos un video para que veáis qué pasó.
Lo que no entiendo es cómo Fontana no escuchó a nadie forzar las puertas. O el intruso era muy sigiloso o Frank tiene el sueño muy pesado.
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