Don Alipio el 9 de June del 2011

Reconstrucción de los hechos basada en la imaginación del redactor
¿Hay algo peor que tener 81 años y ser tu propio empleado? Pues sí, que te metan un tiro.
Eso fue lo que le pasó al pobre Zacarías Pacheco de Moraes, dueño y camarero de un bar de Brasil, que estaba tan tranquilo en su tasca rodeado de las versiones brasileñas de las patatas bravas, los montaditos y el bienmesabe cuando entró un pérfido atracador de esos que no tienen ni palabra, ni elegancia, ni vergüenza.
El malhechor no dudó a la hora de meterle un tiro al pobre Zacarías en la cabeza. Pero he aquí que la bala rebotó en la dentadura postiza de la víctima. El proyectil no llegó al cerebro, pero sí a la garganta. Así que el anciano, pese a que pudo salir vivo del trance ahora mismo está grave. Esperemos que pronto se recupere y, ya de paso, deseamos que se retire pronto y pueda tener una buena jubilación rodeado de muchachas brasileñas que le alegren los días, que se lo ha merecido.
Por cierto, si alguien sabe quién es su dentista que me lo diga, que en el futuro necesitaré dientes capaces de parar las balas de los sicarios de mis acreedores.
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Don Alipio el 5 de April del 2011

Hay veces que uno no sabe cuando empieza lo raro y donde empieza lo trágico. Este es uno de esos casos.
Vamos a Oakland Park, Florida (EE.UU.) donde se estaba produciendo hace unos días un atraco en una sucursal del Bank of America. Una mujer de 32 años de edad llamada Renee Lee Green había metido la mano en su bolso afirmando que tenía un arma y exigía 10.000 dólares.
Sin embargo la cajera Helen Dunsford de 66 años, decidió plantarle cara, arrancarle el bolso de las manos y poner a la atracadora contra el suelo. ¿A que se debía este acto? Realmente no era valentía. Dunsford, una vez llevada Green ante la policía, declaró que no es que fuese especialmente valiente. Sencillamente lo que pasaba era que no tenía nada que perder pues tenía cáncer y le daba igual morir que seguir viviendo. Y además estaba de tan mala leche que no soportaba la idea de que la ladrona se saliese con la suya.
Todo un carácter del que las autoridades ya saben, pues Helen ya se las vió con la policía cuando el Ayuntamiento trató de llevarse de su jardín lo que ella consideraba recuerdos de 40 años de vida pero sus vecinos creían que era basura.
En fin, ¿una historia extraña, un tanto cómica y con trasfondo trágico?, ¿quién sabe? Quizá un relato como la vida misma: surrealista al fin y al cabo.
P.S.: Filosófico que está uno hoy, oiga.
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Don Alipio el 28 de February del 2011
Da gusto ver cómo todavía se puede aprender mucho de los viejos Jedis. Observad cómo resuelven sus problemas estos caballeros jubilados.
"Qui ti vi a esmoñar por el lado oscuro, cagüen mi vía"
Bueno, también es posible que el Tío de la Vara esté recibiendo clases de Yoda.
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Don Alipio el 24 de February del 2011

Admito que el titular puede ser un poco "sensacionalisa", pero a lo que vamos...
Si alguno de vosotros fuese una persona que cada día llamase a una cadena de pizzerías para pedir la misma pizza la mayoría de la gente os diría que ese hábito os acabaría matando. Pero en el caso de Jean Wilson, de Memphis (Tennesse), ha pasado justamente lo contrario.
Wilson era una mujer de costumbres: llevaba tres años llamando cada día a la misma hora al Domino's Pizza de su barrio para pedir su comida, una pepperoni. No había pasado ninguna jornada sin llamada. Así que, cuando un buen día, no sonó el teléfono los trabajadores del local se comenzaron a preocupar. Especialmente inquieta se hallaba Susan Guy, la repartidora que habitualmente llevaba el pedido a Jean.
Tres días pasaron sin pedido y la preocupación de Susan crecía. Finalmente fue a casa de su clienta y, pese a que llamó a la puerta, nadie contestó. También preguntó a los vecinos, que dijeron que en ningún momento habían visto a nadie abandonar la casa.
El instinto pizzero de Susan le decía que algo malo había pasado. Así que, con determinación, llamó a la policía. Finalmente los agentes forzaron la puerta y se encontraron a la pobre señora Wilson en el suelo. Al parecer la anciana mujer había tropezado, se había caído y no había podido levantarse en tres días.
De no haber sido por la pizza, nadie se hubiera dado cuenta de lo que había pasado con Jean hasta que su cuerpo hubiese empezado a oler como algo completamente distinto a una sabrosa pepperoni (ya me entendéis).
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Don Alipio el 15 de February del 2011
Ya habíamos publicado un vídeo de una versión de la señora Perry (nada que ver con la esposa del ornitorrinco) a cargo de Team Unicorn. Aquella versión agradó a unos y desagradó a otros. Esta versión (al estilo viejo, que no al viejo estilo) pondrá de acuerdo a los espectadores: desagradará a todos.
Si alguien, alguna vez, dentro de unos años, me saca de mi dorado retiro de vejez y me convence para hacer algo así... podéis matarme.
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