Una de las cosas que recuerdo con más alegría de mi abuela, era llegar a su casa (siendo un mocoso) e ir corriendo al cuarto de juegos a por el gran solitario. Las piezas era como mitades de pelotas de ping pong y me pasa horas intentando dejar solo una de ellas. Creo que solo lo llegué a conseguir una vez.

Creo que ya es hora de volver a intentarlo, pero como dios manda. Con una cañita y unas aceitunas. La caña, para acompañar a las aceitunas que me vaya comiendo de la partida, ya que este solitario es un plato en el que servir las aceitunas. Ideal para fiestas o reuniones en las que les puedes decir a los invitados que jueguen su turno antes de coger una aceituna. Ya sabéis, para comerse una aceituna, hay que saltarla con otra.

Curiosa y gran idea para servir las aceitunas.

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