Max Landis es un guionista estadounidense que aprecia bastante el gesto que Bud Spencer convirtió en arte: soltar un guantazo. Así que decidió reunir a 40 personas (la mayoría de ellas no se conocían) y les propuso el proyecto: asociados por parejas, cada uno de ellos le daría un guantazo al otro y verían la reacción.

Unos se lo tomaron mejor que otros, claro, y, al final, las reglas empezaron a agrietarse y acabó convirtiéndose en el festival de la alegría. Sospecho que se cortaron por estar siendo grabados, tanto para bien como para mal (hay guantazos que preceden a las palizas y otros que preceden al sexo; son difíciles de diferenciar).

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